La expedición científica que estudió la biodiversidad del río Bita

El Bita serpentea plácidamente entre morichales, gramalotes, caños y esteros. Sus aguas se explayan a lo largo y ancho de 812.312 hectáreas que forman parte de la gran cuenca del Orinoco. Le dicen el ‘primer río protegido de Colombia’, aunque todavía no está definida esa figura que lo resguarde. Sin embargo, sorprende por el buen estado de conservación en el que se encuentra y la extraordinaria biodiversidad que cobija. Será, además, el próximo humedal Ramsar designado en el país, según lo ha anunciado el presidente Juan Manuel Santos.
En el 2013 se consolidó una iniciativa entre las organizaciones Fundación Orinoquia, Fundación Omacha y WWF para estudiar y entender mejor el río Bita, en el departamento del Vichada. Después se sumaron el Instituto Alexander von Humboldt (IAvH), Corporinoquia, la Fundación Palmarito, la Corporación La Pedregoza, la Armada Nacional, la Gobernación del Vichada y Parques Nacionales Naturales para hacer una gran evaluación biológica, relevante para el manejo de este ecosistema.
En esta primera gran toma científica del Bita participaron más de 50 investigadores. Los resultados sorprendieron a todos: 424 especies de plantas, 3 de esponjas de agua dulce nunca antes estudiadas en Colombia, 34 de escarabajos coprófagos, al menos 87 de macroinvertebrados acuáticos, 11 de crustáceos decápodos entre camarones y cangrejos, 254 de peces, 19 de anfibios, 38 de reptiles, 201 de aves y 63 de mamíferos.
Ya sabiendo lo que hay, los investigadores llaman la atención sobre la necesidad de protegerlo, pues la minería, la deforestación en el piedemonte, los megadesarrollos agrícolas y las explotaciones pecuarias en los Llanos Orientales podrían convertirse –sin un manejo adecuado– en grandes amenazas. Esto debido a que el Bita ni siquiera cuenta con un Plan de Ordenamiento de las Cuencas Hidrográficas (Pomcas), y aun si lo tuviera, se quedaría corto dado que estos se enfocan más en el manejo del recurso agua y no en la dimensión ecosistémica y en la biodiversidad de estos ríos.
“Las áreas protegidas del sistema nacional con frecuencia usan sistemas fluviales para determinar sus límites, pero nunca es claro si el río hace parte o no del área protegida. De la misma manera, la mayoría de planes de manejo de estas áreas tienen un enfoque más terrestre que acuático, dejando estas zonas sin la debida atención de manejo”, dice el estudio.
Fernando Trujillo, director de Omacha, es enfático en decir que, pese a su fama mediática, “el Bita todavía no es el primer río protegido de Colombia… Creo que hicimos mucha bulla con el tema, pero no existe esa figura aún. Lo bueno es que, luego de haber destrozado los grandes ríos del país, ahora nos estamos articulando y llamando la atención sobre la necesidad urgente de garantizar mecanismos de protección”.
Lo que sí están intentando por el momento son acuerdos de conservación con los propietarios, procesos de socialización con las comunidades locales para que reconozcan la riqueza del territorio que habitan, así como recordando la importancia de un ordenamiento pesquero, de un programa de turismo sostenible que beneficie a los lugareños y unas políticas para especies claves como los delfines, nutrias, pavones, tortugas, jaguares y dantas.
En esta región sobresale la pesca de consumo con carácter comercial, basada principalmente en la extracción de bagres en los ríos Meta y Orinoco, y algunas especies de escama como palometa, sapuara, bocachico y yamú en el Bita. También es muy importante la pesca de ornamentales, de donde salen especies con un alto valor comercial como loricaridos, arawana azul y rayas.
Según el estudio, que se desarrolló en el marco del proyecto ‘Desarrollo de un marco conceptual, metodológico y operativo para el establecimiento de una figura innovadora de río protegido en el río Bita, departamento del Vichada’, la cuenca se encuentra en buenas condiciones, con un 95 por ciento de coberturas naturales y tan solo 2,5 por ciento en procesos agrícolas y forestales, y un 3 por ciento en áreas urbanizadas.
El monitoreo se hizo en los municipios de La Primavera y Puerto Carreño, en un tramo de aproximadamente 200 kilómetros lineales, en zonas que tuvieran una muestra representativa de ecosistemas terrestres y acuáticos, accesibles y con parches anchos de bosque de galería.

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