Arpas en vez de armas

En los departamentos de Guaviare y Vichada, más de 300 niños practican cada tarde con los instrumentos de la cultura llanera. De todos ellos, 12 niñas, de entre 14 y 16 años, junto con dos maestros, fueron a Irlanda en septiembre para llevar a cabo un intercambio entre el arpa llanera y el arpa celta.
Este diálogo formó parte de las actividades deportivas y culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores para hacer sostenibles proyectos que ayuden a prevenir el reclutamiento armado de menores.
“Irlanda es un socio importante de Colombia. Además, hace relativamente poco pasó por una transición política. Queríamos que las niñas vieran las puertas que les puede abrir la música, conocieran la conexión con el arpa celta y generaran barreras mentales frente al reclutamiento armado”, explica Santiago Jara, director de Asuntos Culturales de la Cancillería.
Laura Sánchez tiene 16 años, es del municipio de El Retorno, Guaviare, y estuvo en Irlanda. Empezó a tocar arpa hace tres años. “Me gustaba mucho cómo sonaban las cuerdas, cómo podían pasar de ser agudas a más graves. Pero lo que más me llamó la atención fue que era difícil, entonces quise tomar ese reto”, explica, y añade que así construye cultura, respeto y ética.
A medida que los jóvenes se van a la guerra, no va quedando nadie que haga bailes, que toque instrumentos, como el arpa. Siento que esta es nuestra forma de expresarnos
Jara afirma que el impacto de estos proyectos culturales y deportivos “los ayuda a mantenerse ocupados después del colegio, les enseña valores y disciplina”.
A la fecha, 1.459 jóvenes y profesores de 76 municipios y 20 departamentos han participado en 114 intercambios deportivos y culturales, y hay 42 países vinculados a esta iniciativa.
Los niños, además de hacer deporte o música, deben tener un buen rendimiento escolar y un compromiso con la comunidad.
“Al regresar queremos que sigan siendo líderes en sus comunidades, modelos por seguir. Que muestren que estas actividades les ofrecen una alternativa diferente”, dice Jara.
Según Sánchez, quien además de ser arpista quiere ser nutricionista, aunque el reclutamiento sigue siendo un problema en El Retorno, la situación ha mejorado.
“Los jóvenes están yendo más hacia la vida cultural y la educación. Decidieron no seguir esa ruta de las armas. Pero aún hay peligro”, dice.
Su principal temor no es que se la lleven a ella o a alguien de su familia o amigos. “Me da miedo perder la cultura. A medida que los jóvenes se van a la guerra, no va quedando nadie que haga bailes, que toque instrumentos, como el arpa. Siento que esta es nuestra forma de expresarnos, de mostrarle al mundo que aquí estamos”, concluye la joven.

El Tiempo
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