17 horas por río y carretera para ver al Papa

Catorce horas en lancha y tres en bus viajó de corrido Édgar Calderón y su familia para asistir a la histórica misa campal presidida por el papa Francisco en Villavicencio.
Ese fue el tiempo que les tomó desplazarse desde Puerto Carreño, cruzando por los ríos Orinoco, primero, y luego por el Meta, hasta llegar al municipio petrolero de Puerto Gaitán. Y de allí tuvieron que tomar un bus que los llevara a la llamada Puerta del Llano.
El largo y agotador viaje lo realizaron junto con otras 20 personas que querían ver personalmente al sumo pontífice. "Somos tal vez una de las delegaciones que más tiempo debimos viajar para ser testigos de la visita del Papa. Es un hecho histórico. Tocaba hacerlo", dice Calderón, quien debió pagar 250 mil pesos en pasajes por cada uno de los miembros de su familia que se aventuraron a realizar esa travesía.
De hecho, cuenta, salieron a las 5 de la tarde del jueves y llegaron a Villavicencio a las 9 de la noche del mismo día, tras lo cual se tomaron un par de horas de descanso y para cambiarse de ropa y volver a iniciar otra maratónica jornada: llegar hasta la zona de Catama, donde debía realizarse la misa campal. Pero para llegar hasta ese lugar tuvieron que caminar cerca de 40 minutos.
Al finalizar la travesía que iniciaron en Puerto Carreño ya era la una de la madrugada del viernes. Pero ahí no paraba el esfuerzo. La familia Calderón debía esperar con paciencia la misa, programada para las 9:30 de la mañana.
A esa hora el agotamiento y las ojeras eran evidentes. Aún así, tenían fuerzas para subirse en las butacas plásticas que compraron, a 35 mil pesos cada una, y gritar de alegría al paso del Papa por uno de los caminos peatonales hechos en el extenso lote de Catama para permitir que los feligreses pudieran saludar al pontífice.
Como todos los fieles, los Calderón sacaron pañuelos y los blandieron cuando pasó el papamóvil y luego corrieron hacia el centro del lote para buscar una mejor ubicación durante la misa campal.
Don Édgar cantó las piezas religiosas que interpretó el coro, conformado por 320 personas, acompañadas por una treintena de arpas, y de vez en cuando posaba para las fotos con la imagen del santo padre al fondo y que quedaran para la historia familiar.
Dos horas después, cuando ya rondaban las 12 del día, empezó la difícil salida del sector de Catama. Pero Édgar Calderón y su familia están seguros de que "valió la pena", aunque ahora lo que les espera es el largo viaje de regreso a Puerto Gaitán y luego aguas abajo, por los ríos Meta y Orinoco, hasta Puerto Carreño.
Serán otras 17 horas continuas para regresar a su casa, en el extremo nororiental de su departamento, en la frontera con Venezuela. Pero, insiste, todo por la fe y por la paz de Colombia, que ya se siente en el extenso Vichada.


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