Falla Frustrante

Columna de Indio Venancio
Turistas que han visitado capitales, ciudades y pueblos del territorio llanero quedan sorprendidos cuando vienen a la capital de Vichada; pero su sorpresa no es positiva cuando comparan el acontecer político, social y económico que impera en Puerto Carreño, al confrontarlo con otras poblaciones como Arauca, Tame, Rondón, Paz de Ariporo, Aguazul, Villanueva, Granada, San Martín, etc., poblados de la región de los Llanos donde hay suficiente oferta de bienes y servicios que satisfacen las necesidades de todos los lugareños, turistas y visitantes, dado a que allí se tiene facilidad para acceder a puestos de venta donde pequeños empresarios y comerciantes ofrecen toda clase de productos, manufacturas, mercancías y frutos de la tierra como leche, queso, naranjas, mandarinas, limones, piñas, guayabas, zapotes, guamas, aguacates, plátanos de todo tipo, guarapo de caña, huevos, y alimentos procesados de variado género que satisfacen gustos ávidos de conocer manjares, golosinas; en fin, la oferta gastronómica autóctona de cada lugar.
Cayetano – ¿Cómo es eso ¿Acaso en Puerto Carreño no se consigue todo eso?...
Venancio – Pues fíjese usted doctor Cayetano: me encontré con un amigo que vino a conocer Puerto Carreño, una ciudad que le pareció muy bonita, con deseos de buscar negocios para ampliar el área de comercio en que se desempeña. Julio Becerra Eslava es un negociante que le tira palo a todo mogote, que llegó y quise atenderlo invitándolo a desayunar para departir y conocer sus planes. Vino a atendernos una empleada y para comenzar nos sirvió tinto. No habíamos terminado de saborearlo cuando volvió y nos apremió de manera poco amable a que pagáramos la cuenta porque su turno había concluido y era hora de irse. Julio preguntó si habíamos incurrido en alguna indecencia para recibir un trato tan descortés y la invitó muy amablemente a que moderara ese comportamiento; por lo que lo invité a salir del establecimiento para no enfrascarnos en una vana discusión, haciéndole saber que ese era el trato que acostumbran darle a los clientes, porque consideran que todos los que llegan a tomar tinto eran indígenas como yo.
En otro un restaurante a donde entramos, fuimos atendidos por otra doméstica quien tratando de seducirnos preguntó qué deseábamos desayunar. Mi amigo pidió un jugo de naranja, huevos fritos, con tajadas de plátano pintón y una taza de leche caliente con aromática de toronjil. La mesera, con un cuadernillo y lápiz en las manos, tomó nota del pedido, pero luego advirtió algo contrariada. ‘Señor: aquí naranjas no hay; y me da pena, si hubieran huevos le fritaba pero tampoco hay manteca y menos leche de vaca, solo en polvo. La frontera está cerrada y escasean esos artículos porque aquí no se producen’ ‘Entonces que puede usted ofrecerme para el desayuno’, preguntó mi amigo y la empleada ofreció lo único que podía ofrecer: caldo de pescado con mañoco; a lo que accedió y la muchacha trajo luego un plato rebosado de caldo; pero mi amigo, observando que traía el dedo pulgar metido en el hervido, reclamó por lo que le pareció una cochinada. La sirvienta se disculpó diciendo que ‘tenía un uñero en el dedo y el médico le había recomendado mantenerlo en algo caliente, para que sanara’. Por supuesto, Julio rechazó el pedido, abonamos el costo  y salimos.
Cayetano – No, no, no… Eso es inaudito. Esa sí es una falla frustrante, de esas que malogran, para desagrado social, el principal renglón de la economía vichadense ¿Qué hizo usted?
Venancio – Apenado como el que más, le pedí disculpas a mi amigo cuando fuimos a pedir un jugo de naranja en otro lugar donde el vendedor, luego de rascarse las pelotas por encima del pantalón, con esas mismas manos, evidentemente sucias de fundillo y hediondas a orines, comenzó a partir las naranjas para exprimirlas. Ante esta otra originalidad cultural decidimos retirarnos, por lo que lo llevé a mi posada y le ofrecí lo que tenía: cochino frito con tajadas maduras y café. Pero frente a esta afrenta, decidí hacerles reclamo a las autoridades encargadas de promocionar el turismo, debido a que deben instruir a los dueños de restaurantes y cafeterías para que enseñen y adiestren a los empleados y empleadas en estos menesteres que son fundamentales. El aseo, la buena atención, la educación y el trato son factores indispensables en este oficio.
Cayetano - Es aceptable que no haya producción por falta de iniciativa de la gente que no es consciente que sembrando nace y se cosecha toda clase de frutos. Hay pastos para la vaca lechera y maíz para cebar marranos buscando que no falte manteca; y también alimentar gallinas que pongan huevos, pero lo otro deja muy mal parada la oferta en restaurantes y cafeterías. Ahora, de otro lado, los indígenas son clientes como los demás ¿Por qué va haber diferencia en el trato?
Venancio – Ojalá este suceso que parece ser una paradoja en el devenir carreñense, sirva para que mejoren los servicios y atiendan de manera ponderable a los clientes, especialmente si son visitantes y turistas.
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