Venezuela: Dictadura de Conciencia

La Dictadura de Conciencia es propia de cualquier gobierno, sin importar su tipo. Este concepto muchas veces es asociado con gobiernos mal llamados "socialistas" o "comunistas" (lo cual dista mucho de su verdadero significado y de los principios que los definen).
No hay un consenso en la definición de Dictadura de Conciencia y no debe confundirse con "objeción de conciencia". Tampoco se debe asociar con los términos anarquía o autocracia, aunque a veces van de la mano. 
No se trata de que todo lo que nos suceda, la culpa la tiene el vecino, la vaca, los Estados Unidos, Uribe, tal y como lo hace el Presidente Maduro, ya que esto es un acto de evasión de responsabilidad. 
El asunto va mucho más lejos. La Dictadura de Conciencia es de cierta manera un experimento social.
Para el caso de Venezuela, usan a la población como laboratorios sociales para la dogmatización, manipulando la información que se les suministra, tal y cómo sucedió con Cuba y muchas otras naciones. Uno de los ejemplos más clásicos son las manifestaciones.
Los actos de repudio hacia las personas que piensan "diferente", que es una respuesta natural en los humanos, son combatidos con técnicas de convencimientos de masas. Para lograr esto se necesita adoctrinar a la población para convertirla en "obediente". 
La guerra fría fue el mejor escenario para la monopolización de la información, el lavado de cerebro y otras técnicas conducentes a la Dictadura de Conciencia. Hoy se utiliza la chequera y el hambre. 
Para que se comprenda mejor esta situación, pondremos el siguiente caso. Cuando un policía tortura a un detenido, este acto esta perfectamente individualizado. La culpa es definida de manera tangible y cuantificable, ya que recae sobre el policía que lo hizo, y sobre su oficial superior y el jefe de la guarnición donde se cometió el delito, por permitirlo. Esto no sucede en la manifestación o mitin de repudio contra los que no piensan igual al gobierno.
Maduro y sus ejecutivos buscan implicar en el delito de agresión hacia sus opositores a toda una comunidad, sociedad y fuerza pública, para que no se puedan individualizar a los culpables y la "vergüenza individual" no aplique en los involucrados, y de paso acaban de un solo tajo con su capacidad de discernimiento.
Otras acciones que refuerzan la Dictadura de Conciencia son las inyecciones de capital a algunos medios de comunicaciones para "silenciarlos" y a los que no puedan comprar, lo cierran o asfixian económicamente, recortando los insumos o bloqueando su señal y retirando sus licencias de funcionamiento. También está la compra masiva de votos, ya sea con la población civil o adquiriendo "paquetes de votos" dentro de los órganos electorales; las dádivas, cuotas políticas, en fin, una batería de acciones que conducen a someter a la mayoría.
Las recientes protestas son una muestra de existen muchas personas en Venezuela que no son "obedientes" al gobierno, sin embargo el silencio internacional hace que el eco de estas manifestaciones sea débil, y como "la maquinaria está muy bien lubricada", muy pocos se detienen a pensar sobre lo que realmente sucede en ese país. ¿El gobierno está integrado por personas honorables? ¿La fuerza pública protege a la población civil?... Preguntas subjetivas, tapadas por una motivación más grande: el hambre y la plata.
La Dictadura de Conciencia se impone con hambre y dinero; una combinación letal, que en manos de políticos hábiles pueden manipular el pensamiento de millones a su antojo.
Pero la Dictadura de Conciencia no se logra de la noche a la mañana. Primero hay que crear una atmósfera de miedo entre las masas. Como bien dice el Ing Walfrido López, informático cubano, "no es necesario fusilar a un millón de personas. Solo fusila a una, frente al millón de personas (ojalá un líder) y es ejemplarizante y el miedo pasará de generación en generación".
Los gobiernos que practican la Dictadura de Conciencia, siempre tienen como ingrediente esencial los "sacrificios humanos". No al estilo de los Aztecas, sacándole el corazón a una víctima para ofrecerlo al Dios Sol; o la Inquisición quemando en la hoguera a todo aquel que no creyera en la Iglesia Católica, sino con torturas, campos de concentración, ejecuciones sumarias de cientos de "opositores" a estos ideales, y estos actos se riegan como pólvora por toda la población para que cunda el miedo.... El miedo a perder el empleo; a perder la familia; a ser secuestrado o asesinado; a ser culpado por las autoridades de delitos no cometidos, por el solo hecho de pensar diferente.
¿Y cuál es la respuesta ante el miedo? . Ya lo dijo Sun Tzu en el Arte de la Guerra "Si el enemigo es superior a ti, únete a él". En otras palabras, si el hambre y la plata compra conciencias, el miedo es lo único que garantiza que la población siga al gobierno. Sucedió en Ruanda; sucedió en la Guerra Fría; sucede en Venezuela... 
El miedo; el arma por excelencia de los gobiernos dictatoriales; ese amigo y enemigo intangible, ha llevado a muchos ejércitos a seguir las órdenes de sus líderes y disparar contra la población civil. El miedo es lo que lleva a las calles a un sector de la población a defender a un régimen dictatorial; y para cerrar la ecuación, inoculan odio en los "obedientes" hacia los que aún se atreven a levantar su voz. Un ejemplo de esto puede encontrarse en las masacres de Ruanda
Superarlo es como pedirle a un exsecuestrado que ande tranquilamente por las calles, sin mirar para atrás y que confíe en todo el mundo. Es por eso que, ante la incapacidad de la población civil de defenderse, la comunidad internacional es la única que puede poner fin a la Dictadura de Conciencia en Venezuela.
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