Recuperar la Dignidad del Vichada

Cortesía de SolLlanero.com
Por: Indio Venancio
Nuevo Correo del Orinoco
Vino, llegó y pasó inadvertida para las autoridades, la fecha en que debíamos evocar la institucionalización de Vichada como acantonamiento evidente de población colombiana y establecimiento representativo del Estado. Con ese silencio administrativo, parece que el cuerpo oficial del Estado hubiera tarareado una ofrenda de responso patético, ya en la letanía que entonan los años para rememorar constantemente el abandono que ha sufrido el territorio, desde que los blancos nos despojaron la posesión nativa que con gratitud nos proporcionaba todo lo necesario para desenvolvernos en el medio ambiente natural, como lo veníamos haciendo desde el mismo asiento de los siglos.
En cinco siglos que hace que comenzó la confiscación de nuestro patrimonio, ya no tenemos aves de pluma en los bosques para desplumarlas, menos animales de pelo en la selva para despellejarlos, tampoco peces de escama en los ríos, caños y esteros para mariscar, por lo que, para no perder la costumbre,  tuvimos que venir a hacerlo a la ciudad; el pueblo indígena, los que aún subsistimos en medio de la miseria humana a que nos han relegado, atrapado ahora entre dos culturas, como no podemos retornar a épocas atávicas, le pedimos a los dirigentes de Vichada y de Colombia que aterricen la realidad del presente y los planes de desarrollo social que han concebido para este territorio, porque a mi manera de ver, durante éste último siglo sólo se han dedicado a tirarle ventosos a la luna para que el aroma de la noche hieda y totumadas de agua al sol para oscurecerlo buscando que no veamos el sombrío panorama que viene.
Hoy, ya no podemos decir que somos piapocos, cuivas, sálivas, amorúas, curripacos o puinaves que subsistimos en grupos dispersos, estacionados caprichosamente en refugios, como si fuéramos una cría de marranos. Y como no queda otro camino, le pido a mis hermanos de casta, a mis parientes que nos unamos como somos: una sola comunidad; pero esta invitación es más amplia y va también para las negritudes, los paisas, boyacos, santandereanos, rolos, llaneros, costeños, vallunos, pastusos, tolimas, opitas y chocoanos, a todos los hermanos que encadena la nacionalidad y fusiona la pertenencia a este territorio, tal como somos realmente: vichadenses; a que nos unamos bajo este gentilicio para ser un sólo pueblo, porque realmente todos, indios, negros y blancos lo somos ya que tenemos el arraigo cultural que compartimos y también, por asuntos económicos, han adquirido sentido de pertenencia que vincula y nos hermana. Se avecina la época electoral donde el pueblo va a elegir Representantes a la Cámara y Senadores de la República, candidatos propios con ideas y voluntad de servicio que realmente representen, con sentido de pertenencia el territorio y se preocupen por gestionar ante el Estado soluciones a los problemas sociales más sentidos por la población: empleo, salud y educación; y a los inconvenientes que impiden mejorar la infraestructura económica del departamento: vías, comunicaciones, empresas e industria.
En este sentido no debemos dejarnos convencer por discursos promeseros; qué sólo hayan hechos evidentes que permitan construir un Vichada productivo, y de su capital, una ciudad piloto de frontera, puerto de exportaciones de zona libre, dotada de una plataforma de instituciones proyectadas al comercio internacional de bienes y servicios, lo mismo que al turismo y al intercambio de tecnologías, que opere sin dificultades ni restricciones en doble vía, de manera que pueda contribuir positiva y realmente al desarrollo de los departamentos que integran los Llanos del Orinoco: Arauca, Casanare, Guainía, Guaviare y Meta, que deben comenzar a considerar la bondades que ofrece esta puerta que se abre a los mercados del mundo a través del Río Orinoco. De otro lado, la economía del Departamento debemos actualizarla y modernizarla con visión de futuro, implementando un sistema estratégico mediante la sustitución razonable de las fuentes tradicionales de producción, de manera que oportunamente se permita el ingreso de pequeños empresarios del campo buscando que no se queden rezagados; y de trabajadores no calificados a capacitarse en siembras y explotación de la producción industrial con el fin que puedan participar de los beneficios laborales que entrega la explotación agroindustrial, tratando de esta forma, que el choque cultural no los afecte significativamente. Con este objetivo debemos unirnos para hacer lo que tenemos que hacer y que lo que hagamos en materia política de ahora en adelante, cuando sólo fal- tan ocho meses para la elección de parlamentarios, que no lo hagamos para favorecer una persona, ni siquiera por nosotros mismos, sino por todo el pueblo de Vichada y la grandeza de nuestro Departamento.
Para cumplir este propósito debemos desechar anacronismos inocuos e inútiles, como son aquellos que permite la constitución, de votar  aquí por candidatos de minorías que nunca se preocupan por Vichada, como son senadores de las negritudes postulados por el Valle o Chocó; cultos religiosos y/o de etnias indígenas del Cauca o Nariño que nunca se aparecen por esta comarca, y menos gestionan algún beneficio para la población vichadense; tampoco por regionalismos inoperantes para ayudar a elegir parlamentarios en Antioquia, Cundinamarca, Boyacá, Tolima y los Santanderes entre otros departamentos de donde vienen políticos a pescar votos, a menos que la Región de los Llanos haga un alianza para elegir esa clase de congresistas en conjunto; que representen  bajo criterio regionalista y un pacto político, a toda la Región de los Llanos del Orinoco. Votar por senadores y representantes ajenos a Vichada no beneficia en nada al Departamento, por el contrario lo perjudica, de manera que aquellos que traen personajes de afuera para venderle los votos de la gente de la región que debe votar por los nuestros, deben desistir de esa desleal y apátrida costumbre; igual que el pueblo debe recuperar su dignidad como pueblo, rechazando a todos aquellos dirigentes que insinúen esta y otras bellaquerías electorales.
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