Qué es un partido político en el Vichada

Por Otto Sanchez
Nuevo Correo del Orinoco
Todas las comunidades en el mundo siempre han sufrido divisiones internas de carácter político. De esta manera el conflicto social es un modo básico de la vida en sociedad, dado a que las personas se congregan en bandos que generalmente se enfrentan por cuestiones que afectan intereses de los distintos grupos que conforman un pueblo.
Este es el origen de los partidos políticos; por tanto, un partido político es una asociación de personas unidas por objetivos comunes, como  es el de alcanzar el control del gobierno para llevar a la práctica procedimientos, planes y propuestas; primordialmente la de presentar candidatos que consideren responsables, idóneos y comprometidos con la colectividad para ocupar los diferentes cargos públicos que permiten organizar la labor administrativa y legislativa, articulando y agregando nuevos intereses y preferencias de los ciudadanos. Con estos objetivos, el partido es esencial para estructurar el apoyo integral de la gente a determinados programas, intereses socioeconómicos y valores. Un partido político se hace necesario para organizar y activar la voluntad política de las masas en función de procesos electorales; por lo que en ese sentido debe constituirse en auténtico vocero de los intereses y objetivos del pueblo.
Cada partido posee una ideología que le da claridad conceptual a la colectividad; lo guía en su acción política buscando que consiga una sistematización explicativa, comprensiva e interpretativa de la realidad, agrupando ideas en una plataforma que permita esbozar programas y remedios para enfrentar los problemas sociales, políticos y económicos. Así, cada partido está situado en una posición privilegiada dentro del proceso de toma de decisiones, por lo que se erige en la estructura intermedia que conecta al Estado con la Sociedad Civil, ya que los partidos tienen como objetivo directo, no solamente la conquista del poder o la participación en su ejercicio, sino que deben ser mediadores entre la comunidad que interviene con intereses y demandas muy diversas, y el Estado, estructura donde emanan las decisiones que definen los objetivos primordiales de la sociedad.
Algunos hombres y mujeres con ideas, influencia y carisma político, de modo natural han logrado asumir el liderazgo de una colectividad, simplemente porque han considerado que el partido al que pertenecen, es su público y ese público es su partido. Esta circunstancia vista desde la sociología del poder, si ese líder se identifica social y políticamente con ese mismo público, todos juntos, por el dominio que llegan a adquirir en el entorno social pueden crear una estructura para defender intereses comunes y una organización que permite, por voluntad del poder emanado de la oportunidad, conseguir o ayudar a conquistar resultados.
Por esta razón fundamental, los partidos no pueden estar avalando para ser elegidos, individuos que no reúnen las condiciones para ser candidatos a cargos públicos de elección popular, y menos personas que no tienen trayectoria en la colectividad, porque no obstante a que este podría ser el comportamiento racional, en ocasiones lo consiguen comprándolo; así toman liderazgos espurios en comunidades despreocupadas e irreflexivas, medianamente ilustradas sobre las consecuencias de su compostura, a través del poder del dinero y/o recursos de financiación de una campaña política que le permita al candidato entregar bisuterías a los electores y/o alguna ración para calmarles, no el hambre si no las ganas de comer, generalmente gente que por esa misma condición menesterosa, asumen un comportamiento de rebaño, debido a que requieren de patronazgos para subsistir como personas, cuando generalmente esos grupos están integrados por individuos sin dignidad y que por un apego que linda con la dependencia y un afecto que raya en el servilismo, se entusiasman y hasta rivalizan para conseguirle una posición de poder a su jefe y la ocupación de cargos administrativos para el aparato de sus incondicionales, sin preocuparse por el porvenir de la comunidad y menos por el suyo propio, a sabiendas que en el inmediato futuro van a ser abandonados por esa persona y desatendidos por sus seguidores, como ha sucedido y sigue sucediendo aquí y en todas partes.
Una sociedad civilizada no actúa de esa manera, sino que con dignidad procura organizarse para mejorar su nivel de vida buscando que el futuro sea atractivo y más prometedor; sin embargo, esa falta de apego por nuestro pueblo y por nosotros mismos es lo que tiene estancado el desarrollo en Vichada. Tenemos ejemplos: entre la elección de algunos mandatarios, diputados y concejales que se desempeñan pensando sólo ellos, la saga familiar y unos pocos amigos incondicionales, se puede señalar para la ocasión, cuando se comienza a rebatir la elección de congresistas, puntualmente  la elección de un parlamentario, que todos apodaron  ‘El Sombrerudo’ elegido de manera venable, con ayuda económica del Gobernador de Arauca, que cuando obtuvo la credencial se fue a servirle a quien había patrocinado su elección; de esta manera Arauca, durante todo el período tuvo la asistencia de tres Representantes a la Cámara, y sólo quedó uno en Vichada.
Qué hermosa reflexión sería si las personas pensaran en la importancia de tener como Representantes a la Cámara, personas que centren su vida en la responsabilidad, la rectitud y el servicio. Por eso, en estos meses próximos a las elecciones, cuando tenemos la enorme responsabilidad de elegir a los futuros Representantes, invito a todos los vichadenses a reflexionar sobre aspectos importantes en el arte de saber elegir, porque hoy más que nunca necesitamos congresistas que sean capaces de superar los intereses personales para mirar las necesidades del pueblo, realizando un buen discernimiento en sus actos de gestionar y legislar; y que con una conciencia sincera y recta, puedan tomar decisiones en favor de la justicia, la paz y del desarrollo de la comunidad, de la región y del país. Pero hay que tener en cuenta que esta rectitud de conciencia y el buen juicio no es tarea y responsabilidad solamente de los parlamentarios, sino de los partidos que no deben avalar a cualquiera que pague por el aval, y de cada ciudadano que los elige, de manera que desde la rectitud ciudadana y una real comprensión de las necesidades mutuas, podamos tener un departamento que busca la verdad y el bien de todos sus habitantes; razón por la que debemos procurar que nuestro pueblo esté integrado por una comunidad donde hayan personas que con conocimiento interior reflexivo de las cosas, distingan entre el bien y del mal para no alumbrar iniciativas paradójicas o embarcamos en empeños contraproducentes, examinando con inteligencia los actos y deberes que nos corresponde realizar en materia electoral para no volver a equivocarnos, eligiendo a quien no debemos.
Reflexionar es pensar detenidamente en algo con la finalidad de sacar conclusiones que nos lleven a hacer lo mejor para nosotros mismos y para los demás.
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