Vichada: 100 años de historia

En 1531, don Diego de Ordaz descubrió el Río Orinoco. Años más tarde, Alonso de Guerra, intentó explorarlo, pero la expedición tuvo que regresar a Cubagua debido a los ataques indígenas, que convirtieron el Orinoco en un centro de resistencia contra la dominación española, por lo que sólo en 1757, José Solano lo remontó cubriendo algunos de sus afluentes, subiendo a vela, palanca y canalete a la desembocadura del Casanare en el Meta; sin embargo, hasta 1856 se inició la navegación, cuando los motores a vapor la facilitaron alcanzando a llegar a las bocas del Upía al mismo río, estableciendo una ruta con embarcaciones que utilizaban el Meta y Orinoco.
El precursor del comercio exterior vía Meta-Orinoco fue Sergio Convers, pero 1891 esta actividad fue impulsada por José Bonnet al fundar la primera casa importa- dora de mercancías europeas y americanas a la vez exportaban café, sarrapia, pieles, pluma de garza, bolas de caucho, tabaco y artesanías, entre otros productos que sacaban del complejo agroindustrial de grandes.
proporciones establecido por los Jesuitas en todos los Llanos del Orinoco, hacia Europa; e importaban mercaderías venidas del Viejo Continente, como sedas, vinos, licores finos, armas, municiones, herramientas y toda la demás bisutería, en buques hasta Puerto Barrigón, sobre el río Humea, que luego eran transportadas en carrocerías tiradas por bueyes y mulas, hasta Bogotá. No obstante a la expulsión de los misioneros jesuitas que hasta entonces habían sido los responsables de la colonización de la región de los Llanos, y del rumbo social, político y económico de los asentamientos establecidos, este recorrido operó hasta 1889 cuando se suspendió la navegación a causa de la Guerra de los Mil Días. Como se podría apreciar en el mapa; en la esquina donde nace el sol que alumbra a Colombia, y confluencia de los Ríos Meta y Orinoco, fue el punto geoestratégico de esta importante ruta comercial intercontinental, que después de la guerra civil volvió a activarse, hasta bien entrado el Siglo XX, cuando Venezuela, por la incautación de dos barcos de bandera de ese país por parte de guerrilleros venezolanos: el Masparro y el Boyacá; y luego la confiscación en represalia de una embarcación colombiana por parte del gobierno venezolano, puso tensas las relaciones entre los dos países, hecho que bloqueó la navegación, y por supuesto la actividad comercial entre los Llanos de Colombia y el continente europeo. De entonces, esta ruta que se debería activar para sacar al exterior productos agropocuarios, hidrocarburos, minerales y maderas ha permanecido cerrada.
La crisis económica que provocó la guerra, unida a la falta de vías y de medios de comunicación, impedía organizar y gobernar el extenso territorio de los Llanos del Orinoco, en Colombia, dado a que para complemento, sectores económicos y políticos no estuvieron interesados en aplicar un proceso de integración del territorio y menos realizar una colonización dirigida, por lo que, en zonas de frontera como Arauca y Vichada, a finalizar la contienda política no había presencia del Estado, sólo eran refugio de guerrilleros venezolanos que dominaban la situación ocupando el territorio de donde enfrentaban sus armas a la dictadura del general Juan Vicente Gómez, entre ellos Emilio Arévalo Cedeño, que se destacó por su férrea oposición al régimen venezolano; y del jefe del Territorio Federal Amazonas Tomás Funes, tétricamente retratado en la novela ‘La Vorágine’ por José Eustasio Rivera.
Así, en el escenario dominado totalmente por estos grupos rivales se originó una situación de conflicto externo e interno grave, tanto que obligó al gobierno de Carlos E. Restrepo Restrepo (1910-1914) a que, aunque no reunían las condiciones constitucionales, crear (1911) la Comisaría Especial de Arauca segregada de Casanare, y luego (1913) la Comisaría Especial de Vichada, territorios que tomaron sus nombres del hidrónimo de los principales ríos de la jurisdicción.
Desde la época de la colonia y hasta mediados del siglo XIX el actual territorio perteneció a la provincia de Bogotá; durante la Gran Colombia (1819-1830), formó parte del departamento de Boyacá; entre 1831 y 1857 constituyó, junto con el Meta, el Territorio de San Martín; en 1857, pasó a hacer parte del Estado de Cundinamarca; en 1867 pasó a ser administrado directamente por el gobierno nacional bajo el nombre de Territorio de San Martín; pero definitivamente cobró vida como Vichada y entidad territorial en 1913, año en el cual mediante decreto 523 se creó la comisaría especial de Vichada, segregada de la jurisdicción de la Intendencia del Meta. Su capital se estableció en la población de San José de Maipures; política y administrativamente, el territorio estaba conformado por el municipio de Maipures y los corregimientos de San José del Vichada y Empira. El 12 de junio de 1924 mediante el decreto 1021, se traslada la capital a Egua, (hoy Puerto Nariño) en las bocas del río Vichada y se crea el Municipio del Orinoco. Sin embargo, y pese a estas figuras la situación continuó igual, dado a que la difícil y indomable geografía del territorio sin caminos apropiados, hacía difícil el tránsito y la comunicación hacía interior del país, situación que obstaculizó por completo el desarrollo de las condiciones sociales, políticas y económicas de manera civiliza- da en todas comarcas que integran el territorio.
Evidenciando la particularidad y singularidad de la región que entonces alcanzaba a sumar unos 19.000 habitantes incluyendo un 5% de colonos, mientras que habían unos 18.000 indígenas de la familia arawak diseminados en diez grupos, se establecieron dos puntos de entrada para el poblamiento de Vichada: uno por la vía fluvial, de colonos procedentes de interior del país o de Venezuela que llegaron a levantar asentamientos poblacionales; y otros por la sabana, con llaneros de acaballo que vinieron a establecer empresas de ganadería extensiva en sabana abierta y cultivos de pan coger. Sin embargo, para lograr los propósitos ambos tuvieron que enfrentar la oposición de los indígenas que defendían sus cotos de caza y pesca tenazmente por lo que, ante la avalancha de gentes que venían en busca de tierras, los indios se vieron obligados a establecer linderos culturales, como el de Vuelta Mala, en el río Meta donde atacaban las embarcaciones, las abordaban y mataban a todos los tripulantes y pasajeros. En la sabana también asaltaban las casas, mataban la gente que las habitaba, todos los animales domésticos, el ganado, los cerdos, talaban las topocheras, arrancaban la yuca y la picaban, dejando un claro mensaje a los colonos, que en la misma forma organizaban expediciones de persecución a los indios donde realizaban espeluznantes masacres, ya que la ley no penalizaba la muerte de indios. La penalización se vino a imponer al finalizar la década de los sesentas, en el Siglo XX, después de la masacre de la Rubiera en Arauca y el levantamiento de los indígenas en Planas encauzado por Rafael Jaramillo Ulloa, en 1968 tratando de ponerle control a la agresividad de los indígenas, el Gobierno Nacional a cargo de Pedro Nel Ospina (1922-1926), en plena hegemonía conservadora, por intermedio de su Ministro de Gobierno José María Carreño, nombró primer comisario de Vichada, al general Buenaventura Bustos que como primer acto de gobierno trasladó la administración comisarial, que en definitiva no tenía asiento, de San Rafael del Meta a ‘El Picacho’ en la confluencia del Meta y el Orinoco; por lo que en agradecimiento por su designación en el cargo, el general renombró el lugar ‘Puerto Carreño,’ en honor al ministro y copartidario  suyo José María Carreño, que nada que ver con la región ya que ni siquiera visitó esta capital; constriñendo luego mediante multa, atándolos en un cepo por 24 horas o asignándoles destierro por desacato, a personas que se opusieron al despropósito y a quienes en rebeldía o por simple olvido no utilizara este nombre si no el de ‘El Picacho’, para referirse la capital de Vichada.
De cara a esta afrenta por demás de humillante, como ahora no existe el peligro de la hegemonía conservadora, tampoco el mandato draconiano  del general Bustos, y menos el temible cepo y el pueblo sigue siendo liberal, y son las ideas liberales las que vienen reconstruyendo  el país, muchas personas, entre las que cuentan dirigentes políticos, gremiales, intelectuales, artesanos, comerciantes, pimpineros, estudiantes, pescadores, amas de casa y de otros sectores de la comunidad, hemos iniciado una cam- paña buscando cambiarle el nombre a la capital de Vichada, por otro más representativo de la región y más atractivo para el turismo, sugiriendo el de ‘Ciudad Orinoco’
El 5 de junio de 1974, después de medio siglo, el Gobierno Nacional traslada de forma definitiva la capital de Vichada, al municipio de Puerto Carreño, y finalmente, el 4 de julio de 1991, la Asamblea Nacional Constituyente elevó Vichada a la categoría de Departamento Especial, llegando a tener plenas facultades como departamento a partir de 1995. La economía del Departamento de Vichada gira en torno a actividades agropecuarias, principalmente forestales y ganaderas que fueron hasta ahora de muy baja escala productiva, así como de la ganadería extensiva y algunas actividades extractivas; sin embargo, entra en una nueva etapa de desarrollo donde se están haciendo esfuerzos para agrandar la frontera agrícolas mediante el establecimiento de cultivos industriales y pastos mejorados en busca de asentar ganaderías tecnificadas; lo mismo que la construcción de carreteras que permitan la comunicación permanente por vía terrestre, con el centro del país, buscando implementar desarrollo social y económico.

Por Otto Sanchez Tocaria
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