Tres milagros en el Vichada

Matizar siglos de estigmatización, rechazo y aislamiento no es fácil; proponerle a la juventud -a la juventud de los pueblos tradicionalmente marginados— otra alternativa a las culturas globalizadas parece ser una quimera en nuestros días. Sin embargo, por algo se comienza, y tres bizarras profesoras del Vichada ya lo están haciendo.
Eloísa Briceño, Luz Edilma Bueno y Carmen Lorza son tres buenas mujeres que día a día trabajan como docentes y bibliotecarias de tres de los municipios más remotos, olvidados y socialmente convulsos del Vichada y del país: Cumaribo, Primavera y Santa Rosalía.
Las tres además son madres cabeza de hogar y periódicamente tienen que viajar a la capital departamental, donde se encuentran buena parte de oficinas públicas relacionadas con su trabajo, y además deben tomar cursos de capacitación y actualización para continuar ejerciendo como maestras. Desde sus municipios el viaje dura más de 12 horas surcando las aguas del río Meta, puesto que no hay otra forma de hacerlo.
A pesar de lo anterior, Eloísa, Luz Edilma y Carmen hallan tiempo para ocuparse de la preservación de las tradiciones indígenas sikuanis en sus respectivas comunidades, así como de la difusión de las mismas. Están específicamente enfocadas en la preservación y enseñanza, entre las generaciones más jóvenes, de la lengua materna sikuani. Como buenas docentes y madres que son, les preocupa que sus alumnos indígenas descarten su lengua materna.
Debido al carácter vergonzante que durante siglos les fue impreso por la oficialidad y por el imaginario colectivo a los indígenas, pero sobre todo por las tendencias contemporáneas que tienden hacia la homogenización cultural —tendencias estas que han sido difundidas masivamente en los últimos años y llevadas a las nuevas generaciones a través de los medios de comunicación y por internet—, los niños y jóvenes indígenas de la región pronto se identifican con modas foráneas, tendiendo a apartarse de la cultura de sus mayores. Carmen, Eloísa y Luz Edilma a diario viven esta rápida transformación con muchos de sus estudiantes y se preocupan, no por la influencia de otras culturas en la zona, pero sí por la forma cómo las noveles generaciones eligen su destino y se autorreconocen como individuos y como parte de una comunidad.
Eloísa, Luz Edilma y Carmen dedican el poco tiempo, los magros recursos con que cuentan y los reducidos espacios de que disponen para tratar de que los niños y niñas sikuanis se interesen por su origen. Han identificado, con acierto, que la lengua es el pilar fundamental de toda cultura y por ello se han embarcado en el proyecto para preservar, enseñar y difundir el idioma sikuani. Para ello han ido involucrando a los abuelos, sabedores de las tradiciones, para que sean ellos los transmisores del conocimiento.
Las tres profesoras nos enseñan que es tan válido que preserven y celebren su idioma materno y sus tradiciones, como que los rechacen consciente y responsablemente si así lo desean. Cualquiera que sea la opción, ésta debe dignificar a los individuos y a los pueblos.

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