Arawana; una especie amenazada

Colombia es plataforma de exportación de la arawana, un pez ornamental, hacia países asiáticos.
Su presencia en hogares de culturas orientales simboliza protección, abundancia y sabiduría. Para el colombiano, sería como tener unos bambúes en casa. Pero no se trata de una planta, sino de un pez ornamental, al que asemejan con el dragón por sus escamas, sus filamentos en el labio inferior y la forma de su lengua, que es un hueso. Este 'amuleto' de buena suerte se llama arawana. Es pariente del pirarucú y puede alcanzar tamaños de hasta dos metros.
En Colombia, la pesca de su especie única, la Osteoglossum ferreirai -arawana azul-, que se da en ríos de la vertiente Orinoco, fue cerrada indefinidamente desde el 22 de diciembre de 2010. La suerte de la Osteoglossum bicirrhosum -arawana plateada-, que habita en la cuenca amazónica, parece ir por el mismo camino. Aunque existe una veda para la Amazonia entre el primero de septiembre y el 15 de noviembre, cada año, y entre el primero de noviembre y el 15 de marzo, para los ríos Putumayo y Caquetá, fue declarada en estado vulnerable.
"La azul es muy costosa. Un animal de unos 20 centímetros en Puerto Carreño (Vichada) vale 40 dólares. La plateada tiene un precio menor, es abundante y la tienen otros países como Perú y Brasil, que es el mayor exportador de esta, explica Saulo Usma, coordinador del Programa de Agua Dulce de la ONG Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, en inglés).
Pese a la disminución de estas especies en aguas colombianas, el país es uno de sus principales exportadores en el continente. Inquieta a los investigadores que si no se captura en gran medida en Colombia, ¿de dónde sale?
"El mercado sigue pidiéndola, y, para satisfacer esa demanda, empezamos a sacar arawanas del Perú. Todo sale, en el caso de Putumayo, por el aeropuerto de Puerto Leguízamo. No hay vigilancia ni control, no sabemos cuántas están saliendo", denuncia Usma.
La principal razón es el costo del transporte. Las distancias entre los lugares de captura y los centros de exportación como Manaos (Brasil), Iquitos (Perú), Caracas (Venezuela) y Bogotá -los cuatro de Suramérica- ponen por encima a esta capital.
La Dirección de Pesca y Acuicultura del Ministerio de Agricultura y la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca (Aunap) coinciden en que hay fallas en los controles. "Por ser la arawana un recurso compartido con Perú y Brasil, no se cuenta con mecanismos para diferenciar la procedencia de los ejemplares que se comercializan a través de Colombia. De allí la importancia de trabajos binacionales para que los otros países asuman acciones de control y vigilancia", señalan.
De su comercio, se conoce que el eslabón inicial de la cadena es el pescador. Expertos tienen cuestionamientos sobre los métodos de captura, pues, como mecanismo de protección, el macho cuida a sus crías guardándolas en la boca. "El pescador, que lo sabe, espera a que salga a flote y abra la boca para soltar sus crías, y ahí está esperándolo con un machete o una escopeta. Luego, le saca las crías de la boca y deja muerto al animal", agrega Usma.
Aparece entonces el intermediario, que compra las crías y las lleva a un centro de acopio, bien sea en Leticia (Amazonas), Puerto Carreño (Vichada) o Puerto Leguízamo (Putumayo). La siguiente parada es Villavicencio, por reducción de costos en el transporte aéreo, y de allí va a Bogotá, por tierra.
"Se acuerda un precio unitario, el cual puede ser de $ 3.000 a $ 4.000 para la plateada puesta en Bogotá", dice Jaime Iván González, presidente de la Asociación Colombiana de Exportadores de Peces Tropicales.
Las cifras concuerdan con las de las autoridades: "Las arawanas baby pagadas al pescador tienen un valor de entre $ 1.800 y $ 2.000 y las juveniles, de entre $ 3.500 y $ 4.000".
De Eldorado salen hacia Estados Unidos, República Checa y Alemania, así como a Hong Kong, Taiwán, Malasia, Corea, Singapur, Japón y China, donde los pedidos crecen. Lo que paga el comprador que la lleva a su casa para tenerla en una pecera tampoco se conoce.
Cuántas se exportan es otra pieza del rompecabezas. Las autoridades nacionales reportaron, para el 2011, la salida de 400.656 unidades de arawana plateada. La cifra, traducida en dinero, no está discriminada. Pero, según las autoridades, "la actividad de comercialización de peces ornamentales en general le genera al país cerca de 8 millones de dólares al año".
Para este año, de acuerdo con una resolución del Minagricultura, la cuota de aprovechamiento es de 625.000 ejemplares para exportación.
Y aunque en el exterior el objeto de comercialización de esta especie, según los permisos, es como pez ornamental -advierten las autoridades-, investigadores afirman que en el país se vende para consumo humano.
"En Puerto Leguízamo se ha identificado que la arawana se comercializa como pescado seco en la galería, incluso como pirarucú. El kilo vale $ 5.000", indica Johanna Poveda, consultora en uso y manejo sostenible de arawana para Tropenbos Colombia. Con tantos ojos sobre esta especie, organizaciones como Tropenbos, el Instituto Sinchi y WWF realizaron el pasado 18 de agosto, en Puerto Leguízamo, el Festival de la Arawana. Esta celebración, en el marco del Programa Trinacional, bajo el lema 'Su vida depende de ti', sirvió para capacitar a cerca de 2.000 niños del municipio y comunidades del Perú sobre el valor de este pez. Con cuentos y dibujos, así como grandes figuras y desfiles típicos de las celebraciones chinas, se realizó un carnaval como homenaje a ese 'dragón' de las aguas, tal vez una de las pocas figuras que mantienen viva la imagen de ese animal mitológico.
Su valor inicial se quintuplica
Cuando arawanas llevadas de Colombia aterrizan en el exterior, las pistas se pierden. No se conoce cuál es su destino final. El precio del que exporta al importador está entre 2,20 y 3,50 dólares. En el exterior, su valor varía mucho porque los fletes en cada país cambian.
A eso se suman la distribución, los empleados y el embalaje, lo que cuadriplica y hasta quintuplica el valor.
Fuente: El Tiempo
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