Ciudad Orinoco

Por Elías Hurtado
Después de analizar los motivos por los cuales se adjudico el nombre de Puerto Carreño, al sitio geográfico “El Picacho”, cuando la capital de la entonces Comisaría Especial de Vichada era San Rafael del Meta, he llegado a la conclusión de que el bautizo ocurrió alejado de cualquier hecho histórico que motivara el cambio de nombre; meramente en agradecimiento del General Buenaventura Bustos, para con el ministro- Pedro María Carreño- que lo hizo nombrar Comisario Especial.  Nombre que impuso de manera coercitiva, dado que la gente del vecindario no alimentó que se honrara a un personaje desconocido y pasajero que ni siquiera tuvo el gesto de visitar el territorio.
Cuentan los anales que el General Bustos castigaba física y económicamente a todo aquel que por ignorancia o por respeto a la tradición no mencionara el nombre de Puerto Carreño, para citar el lugar. Este antecedente muestra que no hubo una razón histórica y cultural para titular la capital del departamento del Vichada. Si está, hubiera permanecido donde inicialmente estuvo podríamos alegar que se llamara San Rafael del Meta.
La ciudad que ostenta hoy el grado de capital está ubicada en la margen izquierda del Río Orinoco, posición geopolítica y estratégica de bastante consideración  que se proyecta a nivel nacional e internacional, como un destino turístico de grandes proporciones que requiere ser avalada en el escenario mundial. Por supuesto que más fácil quedaría a un habitante de Francia, de China, de Rusia o de Hong- Kong, identificar una ciudad si su nombre lo remite a un lugar con afinidad geográfica reconocida por sus antecedentes históricos y culturales.

La ciudad posicionada en la esquina oriental de Colombia, está enmarcada por paisajes de naturaleza pura – sol y playa -  de los ríos Meta, Bita y Orinoco;  con una infraestructura arquitectónica exclusiva que tiende a mejorar para mostrar calles como la Avenida Orinoco de la cual no existe un diseño igual en toda Colombia, lo que le imprime atractivos que gustan y cautivan  al visitante  en un entorno de mangos, merecures y mereyes que proporcionan de manera generosa frutos a los turistas.

El Vichada, es el único departamento de Colombia que tiene Orinoco físico, en una longitud aproximada de 260 Km. Rio que a su vez ocupa el primer lugar entre los cauces de Colombia y Venezuela; es el tercero en Sudamérica y el vigésimo primero en el globo terráqueo.
Reconocidos cronistas, historiadores y autores de ciencia ficción han coincidido en otorgarle al Orinoco la importancia que se merece. Entre ellos: el padre José Gumilla, en el Orinoco Ilustrado; Alejandro Von Humboldt, en Viaje a las Regiones Equinocciales del nuevo mundo; Rafael Gómez Picón, en su obra Orinoco Rio de Libertad y Juan de Rivero, en la Historia de las Misiones del Casanare y los ríos Meta y Orinoco. Estos y otros ilustran maravillosamente la magnificencia de uno de los más grandes reservorios hídricos del planeta.
Una estrofa de nuestro himno nacional le da significado sublime a su historia.
“Del Orinoco, el cauce
se colma de despojos,
de sangre y llanto un rio
se mira allí correr”

Esta somera descripción, me lleva a comprender que el nombre que ostenta actualmente no aporta nada, y menos un solo elemento que exponer frente a la proyección de la ciudad en un escenario universal.

La recuperación de la toponimia para designar sitios representativos en el contexto de la afinidad social y geográfica debe animar siempre el espíritu de los lugareños, pues no se trata simplemente de proponer un cambio por otro, cuando sí, de rescatar lo autóctono por la identidad; pues es hora de seguir el ejemplo de los habitantes del Guainía, que un día resolvieran que su capital dejara de llamarse Puerto Obando y a cambio se exaltara la flor nativa más bella de la Amazorinoquia; la flor de Inírida que como diosa riega con aguas cristalinas sus ciénagas y cañadas.
Muy probablemente, esa pérdida de identidad de la cual somos sujeto cada día los que habitamos el vasto y rico Vichada, provenga también por permitir que se le cambie el nombre a la cotidianidad; tal como sucedió con la población llanera de La Culebra, por un nombre que nada tenía que ver con su idiosincrasia.
En consecuencia, queda en manos del Honorable Concejo Municipal, de la Honorable Asamblea Departamental y del Mandatario de turno con la población que regenta considerar la posibilidad de cambiar el nombre por uno que promueva e incluya con sentido de pertenencia  la región.
Quien esto escribe, cree que el nuevo nombre debería de llevar impresa la palabra ORINOCO, para significar la importancia del gran río que la circunda en el devenir histórico y soberano de la patria
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