Vichada en 10 años

De buenas intensiones se labra el camino al infierno. Así es como muchos describen la situación del departamento Vichada, rico en recursos naturales y biodiversidad, pero con políticas que en apariencias son de buenas intensiones, pero todas han conducido irremediablemente al fracaso.
Del ganado pasamos a la explotación de combustibles. Si bien es más rentable (en teoría), en lugar de prosperidad, ha traído consigo todos los males de una sociedad en vías de desarrollo (desempleo, prostitución, delincuencia, desplazamiento, pobreza, etc, etc). Ni la cocaína o el contrabando han traído tantos males como el petroleo. 
La explicación es muy simple: El departamento no estaba preparado para afrontar este boom. Nunca se previó este escenario y las instituciones encargadas de la educación media y superior jamás incluyeron en sus programas de estudios, especialidades relacionadas con los combustibles. Algo similar ocurre con la reforestación, la investigación y la minería, lo que trajo como consecuencia que la mano de obra calificada tenga que ser importada de otras regiones de Colombia y de Venezuela, lo cual se traduce en desempleo para la región.
Otro factor son las costumbres locales. Muy pocos colonos tienen tierras en producción, y la mayoría las vendieron a consorcios y al no tener educación financiera, perdieron su patrimonio y hoy deambulan en la pobreza a la espera de subsidios de la nación para subsistir, generando una carga fiscal adicional.
Cada gobernante de turno ha tenido su propia idea de hacia dónde debe ir el departamento en materia económica, social y política (algunos ni siquiera les ha interesado este punto). La consecuencia es que no ha existido un consenso ni una proyección a largo plazo sobre los renglones económicos a desarrollar, al punto que no existen.
Se empezó con el mango y el ganado, para pasar al marañón y los marranos, con una parada en la palma africana y los pollos, para terminar coqueteándole al petróleo y a la minería ilegal
Se habló de trenes de carga y pasajeros hasta Villavicencio y Bogotá, de vías que interconectaran todo departamento con Colombia, de puentes con Venezuela y hasta de aerolíneas subsidiadas, pero todo ha quedado en el papel de los programas de gobierno. La realidad es diferente y el presupuesto escaso, así como también las gestiones de los gobernantes para darle solución a esta problemática social que ha impedido decisivamente el desarrollo local.
El futuro del Vichada está en manos de Bogotá, Medellín, Cali y Villavicencio y no de Puerto Carreño, Santa Rosalía, Cumaribo y Primavera.
Gobernadores destituidos, Alcaldes presos y funcionarios desaparecidos huyendo de la justicia, es el legado político del Vichada. Las nuevas generaciones ya no creen en sus mandatarios y en un alto porcentaje piensan que lo mejor que les puede suceder es emigrar. De hecho en la actualidad muchos graduados de bachillerato solicitan créditos y becas financiadas por el departamento casi en su totalidad, para cubrir sus estudios universitarios y al graduarse ejercen su profesión en otras regiones del país; y como no hay compromisos de contraprestación...
Dentro de 10 años
Las pocas vías ya quedaron obsoletas. En Puerto Carreño, por ejemplo, el transporte particular ha aumentado en un 300% en los últimos 10 años y las calles y avenidas siguen siendo las mismas. En los próximos 10 años se espera que esta cifra se triplique por lo que no se podrá transitar por ninguna calle o avenida y la contaminación ambiental y las altas temperaturas serán el pan nuestro de cada día, lo que generará un mayor consumo de combustible, la extinción de muchas especies y un rompimiento de los ecosistemas autóctonos
Los grandes emporios económicos que adquirieron las tierras exportarán sus productos sin regulaciones y sin compromiso con la región, porque financiarán las campañas políticas locales precisamente para que nadie “los moleste”. No generarán empleo y continuarán importando mano de obra.
En los próximos 10 años se estima una superpoblación que supera en un 40% a la actual, por lo que el desempleo será dos veces mayor. Esto generará un problema de orden público jamás visto en el departamento. Un aumento de bandas criminales y robos y otras modalidades delictivas. 
El alimento escaseará. La explotación de ríos y lagos, cada vez más indiscriminada, sumada a su contaminación, principalmente en el Orinoco, llegará a un punto de no retorno. Los precios de la canasta familiar estarán por las nubes, por el no establecimiento de una política de regulación de precios y el encarecimiento del transporte y los combustibles.
Los colegios públicos estarán atestados. Ya no serán 50 alumnos por salón (que es una locura) sino 70, en condiciones infrahumanas y las instituciones educativas continuarán graduando desempleados, ya que sus modalidades académicas no cubren la demanda laboral del Vichada y porque a nadie le importa este punto. Solo les interesan las metas y la cobertura, mas no la calidad y el empleo.
Los profesionales de la región serán reemplazados poco a poco por homólogos de otros departamentos, por no tener un nivel académico acorde con el desarrollo actual, la experiencia necesaria, los conocimientos especializados y por no pertenecer a la clase política predominante.
Vichada será la despensa alimenticia del resto de Colombia y tal vez del mundo, tal cual como lo es Etiopía para Europa; que explota sus tierras para el beneficio de terceros, mientras miles de sus habitantes mueren de hambre todos los años.
Los sindicatos desaparecerán, los grupos de protección ambiental serán amenazados y reinará el caos.
De ser una “tierra de hombres para hombres sin tierra”, pasará a ser una “tierra de grandes empresarios  solo para grandes empresarios”.
Continuará la tendencia de que los gobernantes de turno terminen sus días con cientos de procesos o en la cárcel, y el escepticismo político de la población predominará.
Sería muy reconfortante pensar que hay una solución. Que todo cambiará. Que nuestra sociedad podrá ser un ejemplo para la nación de convivencia, desarrollo, empleo y prosperidad; que Puerto Carreño continúe siendo la capital con menor índice de criminalidad del país y podamos dormir con la puerta abierta; como hace 10 años.
Para los que vivimos en el Vichada esto es un sueño que quisiéramos que fuese realidad. La esperanza es lo último que se pierde; pero parece que todo apunta hacia otra dirección.
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