'Alas para la gente' llegó al Vichada

Miriam Betancourt, embarazada, nunca tuvo los medios para ir a citas de control prenatal. Por la radio del Ejército, se enteró de que un grupo de médicos irían a la inspección de Güérima, en Vichada, para atender a la comunidad, con un solo propósito: saber cuál iba a ser el sexo de su bebé.
En la revisión ginecológica, recibió una noticia que la dejó fría: llevaba 40 semanas de embarazo, dos más de las 38 habituales, y el parto debía hacerse de inmediato, mediante una cesárea. La rápida acción de los médicos, que la ingresaron al quirófano, le permitió a Miriam conocer a su pequeña Keyla Mejía.
La bendición, como la calificó doña Miriam, se dio durante una nueva brigada de salud de la fundación 'Alas para la gente', realizada los días 21 y 22 de abril, con el apoyo de EL TIEMPO Casa Editorial, Isagén, la Universidad Antonio Nariño, la Fuerza Aérea Colombiana (FAC), el Ejército Nacional, la petrolera Talismán y el Ministerio de Salud.
Para esta ocasión, 22 profesionales de la salud, dos encargados de logística y distribución de medicamentos, un biomédico y un instrumentador tuvieron que enfrentar las limitadas condiciones de servicios públicos que ofrecía esta inspección -la luz y el agua llegaban con plantas de gasolina-, que hasta hace cinco años fue controlada por el frente 16 de las Farc, y se consideró zona del narcotráfico por sus cultivos de coca. Fue un lugar selvático que estuvo bajo el mando del jefe guerrillero Tomás Medina Caracas, alias el 'negro Acacio'.
La hoy ausencia guerrillera deja ver un "pueblo fantasma, al cual vamos a darle un poco de esperanza y salud", resalta el capitán Camilo Arjona, coordinador de la brigada de 'Alas para la gente'.
En palabras de los galenos, el trabajo es gratificante y muy satisfactorio; "tratamos de llevarle a la gente, que no tiene ninguna clase de atención, algo por lo que estudiamos, que nos apasiona.
A Bogotá se llega con la sensación de que pudimos cambiarles la vida a varias personas que lo necesitan y que lo agradecen", dice el ginecólogo Daniel Molano, que recibió el parto de Keyla junto con la cirujana Nubia Prada y la pediatra Juanita Gómez.
Aparte de Keyla, otra de las beneficiadas con la llegada de la brigada fue Albanuri Gaitán, que junto con su hermano Carlos Hernán caminaron casi dos horas para acceder a servicios de medicina.
"Es bueno que se hubieran dado cuenta de que existimos. Nosotros tenemos poco acceso a medicinas y a atención médica, y esta era una oportunidad que teníamos que aprovechar", dice la mujer beneficiada, que pertenece a la comunidad indígena del Chocón, aledaña a Güérima. 
Consuelo Martínez, una habitante de la inspección, también aplaudió que los optómetras la ayudaran con su agudeza visual, pues aseguraba que no alcanzaba a ver muy bien de lejos. "En el examen que me hicieron, confundía mucho las letras. Pero gracias a Dios me ayudaron con unas gafitas", dice Consuelo.
La brigada permitió que se realizaran 1.028 consultas y procedimientos en especialidades, como dermatología, optometría, ortopedia, pediatría, ecografía, otorrinolaringología, odontología, ginecología, medicina alternativa, cirugía y medicina general.
Luz y agua, deficientes
Güérima cuenta con casi 500 habitantes -70 por ciento de comunidad indígena, según el Ejército- y es una de las 19 inspecciones que conforman el municipio de Cumaribo, el más grande de Vichada.
La inspección no tiene una sola calle pavimentada, ni tampoco servicios de luz y agua dignos. La gran mayoría de sus viviendas se levantan con tablas de madera y tejados de lata, y uno que otro muro de concreto. 
Su única escuela, el internado San José de Güérima, cuenta con cuatro profesoras y casi unos 60 niños que estudian allí, solo hasta noveno.
En el hospital Nuestra Señora del Carmen, trabajan un médico general, una bacterióloga, un odontólogo y una enfermera jefe. 
Durante el auge de la coca, según algunos habitantes, se movía la economía, y aunque la comunidad aplaude que el Estado se hiciera presente en la zona, todavía sienten la falta de trabajo. La principal central de abarrotes de la inspección es Villavicencio, tan retirada que el transporte de alimentos puede durar de cinco a ocho días.
Fuente: El Tiempo
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