Atentado en el Vichada sigue sin esclarecerse

El domingo 26 de febrero de 2006, en horas de la tarde, Rosalba Álvarez de Montes recibió una llamada en la que le informaban que su segunda hija, Paola Isabel Montes Álvarez, había muerto en un atentado cometido por la guerrilla.
Desde ese día la vida le cambió por completo a Rosalba, quien no ha parado de llorar por la desaparición de su hija, pese a que duda que una de las dos víctimas fatales de ese atentado criminal sea su hija.
Paola Isabel, quien era nutricionista del Bienestar Familiar, se fue a trabajar a Puerto Carreño, Vichada, porque se había quedado sin trabajo y no quería desaprovechar la oportunidad que se le presentaba en ese momento.
Antes de cumplir el mes de trabajo, la joven profesional, junto a Víctor Linares Peña, conductor de un vehículo Campero Toyota, fueron a llevar alimentos y otros elementos al municipio de Cumaribo. Cuando regresaban a Puerto Carreño, seis cilindros bomba que la guerrilla había enterrado en la vía fueron activados al paso del vehículo que no llevaba insignia del ente nacional.
Debido a la fuerte explosión los cuerpos quedaron destrozados y esparcidos varios metros. 
La Policía sabía de los cilindros y no alertó
Pese a que la Policía sabía de la existencia de los cilindros, ningún uniformado les advirtió a los ocupantes del vehículo el peligro que corrían, como así se encuentra consignado en el informe que lleva la Fiscalía 59 de Derechos Humanos de Villavicencio.
La duda de la madre. Seis años después de la muerte de Paola Isabel, su mamá Rosalba sigue sin aceptar el hecho y recuerda que cuando a su casa llegó el ataúd con los supuestos restos de su hija, su corazón le dijo que no eran de ella.
Niegan prueba de ADN
“Pienso que mi hija no murió en ese atentado porque lo único que me mandaron fue un pedazo de carne en mal estado; solicité que le hicieran la prueba de ADN para comprobar que era de ella, pero hasta hoy me la han negado”.
Rosalba Álvarez cree que su hija pudo haber sido secuestrada por la guerrilla, por eso todos los días se pregunta dónde puede estar Paola y dice que descansará hasta saberlo.
Una mujer alegre. Rosalba recuerda con mucha tristeza la forma alegre y extrovertida de su hija; la joven que cada vez que llegaba a su casa colocaba música a un alto volumen, señal que le indicaba a los vecinos de su llegada.
“A Paola le gustaba mucho la música de Maelo Ruiz y de Iván Villazón, esos eran sus cantantes favoritos, aunque también era amante de toda clase de música”, dijo.
La última vez que habló con su hija fue un viernes antes de la tragedia. Ese día Paola le dijo a su mamá que estaba bien, que no se preocupara y que la extrañaba mucho.
La Fiscalía 59 de Derechos Humanos de Villavicencio tiene el caso y fue la que ordenó la exhumación de los restos, ya que a través de la confrontación dactilar no fue posible identificar plenamente si Paola Isabel Montes Álvarez murió en el atentado terrorista cometido por la guerrilla. Por eso, un fiscal de Derechos Humanos de Barranquilla fue comisionado para la exhumación de los restos.
Pero ese proceso también tiene un inconveniente, pues Jardines de la Eternidad, lugar donde se encuentran sepultados los restos, pide un millón 200 mil pesos para permitir la exhumación de los mismos, dinero que no tiene Rosalba.
No pudo viajar al lugar
Rosalba Álvarez de Montes asegura que el mayor sufrimiento que le causó la fatal noticia fue no haber viajado hasta Villavicencio para reclamar los supuestos restos de su hija Paola Isabel.
Según su relato, tuvo que esperar a que le enviaran, en un ataúd, un pedazo de una pierna en estado de descomposición, que su corazón de madre no le permitió mirar. Pese a ello, afirma que un pedazo de carne no es suficiente para comprobar que su hija fue la que murió en el atentado guerrillero, por lo que insiste en que le practiquen la prueba de ADN para poder estar segura de las cosas.
Fuente: El Heraldo
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