Las "minorías" se hacen grandes en gobernaciones

En un ataque silencioso a las estructuras de los partidos tradicionales como el conservador y el liberal, los grupos pequeños se quedaron con casi la mitad de las gobernaciones del país.
La primera lectura que se puede hacer es la de una evidente crisis de los partidos. Para los expertos, no es sorpresa porque, como lo dijeron algunos en campaña, los ciudadanos irían a las urnas a votar por personas, no por partidos.
Los analistas tienen varias lecturas sobre el triunfo de los pequeños grupos, de las alianzas y de las firmas.
En primer lugar, no creen en los amores esporádicos que muchas personalidades se inventaron o manifestaron para llegar al poder, y consideran que en pocos meses estarán de pelea.
Tampoco creen completamente en los candidatos que se postularon con el respaldo de firmas, si se tiene en cuenta que la gran mayoría lo hizo porque no logró el aval de los partidos.
Ganadores y perdedores
Las cifras son claras: el liberalismo ganó ocho gobernaciones, la U se quedó con cuatro, el Partido Verde con dos, Cambio Radical y el Partido Conservador con una cada uno y el Polo Democrático no tuvo ninguna.
Pero los grupos pequeños, locales y cívicos ganaron 15 gobernaciones.
El caso de Antioquia es particular. El gobernador electo, Sergio Fajardo Valderrama, se inscribió por el Partido Verde, de cuyas directivas nacionales se alejó, pero sumó apoyos del Partido Liberal y la ASI. De esta manera, se puede hablar de una alianza.
Para Darío Acevedo, catedrático de la Universidad Nacional y analista político, no es nueva la crisis de los partidos, ya que estos encaran la crisis tras perder el monopolio de la representación política que habían tenido durante 150 años, tras la promulgación de la Constitución de 1991.
En ese momento se abrió el espectro político para que los movimientos cívicos de carácter local emergieran, para afrontar las elecciones de alcaldes y gobernadores.
"Eso no quiere decir que estos movimientos sean necesariamente positivos o progresistas, sino que están expresando una búsqueda, incluso a veces con resultados funestos, porque se le abre la puerta a personajes de dudosa procedencia o de dudosos méritos", explicó Acevedo.
Para el profesor Acevedo, el triunfo de los movimientos no significa la victoria de los mismos, porque estos no siempre son estables. Es decir, ganaron las elecciones, pero les queda el reto de consolidarse como fuerzas políticas.
"Muchos de ellos pueden ser de corte transitorio, efímeros. Son alianzas de carácter oportunista, no hay nada de fondo", indicó.
Argumentó además que la gran mayoría de esos movimientos carece de un respaldo programático sólido.
Y agregó que los partidos tradicionales quedaron en crisis.
Acevedo sostuvo que los partidos nuevos, como el Partido Verde y Cambio Radical, todavía no tienen una estructura lo suficientemente fuerte ni la madurez para llenar ese vacío y acusan un problema muy grave, y es que sus prácticas políticas "no son civilizadas".
Jorge Giraldo, decano de la Facultad de Ciencias Políticas de Eafit, indicó que el triunfo de los pequeños grupos hay que mirarlo con lupa y destacó que, en Antioquia, el 25 por ciento de las alcaldías quedaron en manos de candidatos que no estaban avalados por ninguno de los 12 partidos que tienen personería jurídica.
"Algunos de los que aparecen como grupos pequeños son realmente movimientos por firmas, coaliciones de ocasión, sobre todo entre políticos tradicionales y algunos no tan tradicionales, que por distintas razones no obtuvieron aval de los partidos grandes", dijo.
Giraldo citó el caso de Nariño, donde el gobernador electo, Raúl Delgado, ganó con el aval de un movimiento llamado Unidad Regional por un Nariño mejor.
Para el profesor Giraldo, Delgado ganó porque tiene una trayectoria política de más de 30 años en ese departamento del sur del país y es bastante reconocido en la región, sin que influyera en la elección del movimiento que lo respaldó.
Giraldo dejó claro que a pesar de la cantidad de movimientos que surgieron durante las pasadas elecciones, la idea es que cada vez la tendencia se perfile a que haya menos partidos.
"Lo que pasa es que hay una resistencia de los pequeños grupos y cierta indisciplina de los partidos. La mayor parte de los casos que hemos visto es que al que no le dieron el aval o el que perdió la consulta interna, salió y buscó otro mecanismo para poder entrar a la competencia electoral. Es más un problema de disciplina", señaló.
El consultor y analista Andrés Mejía Vergnaud indicó que el triunfo de los movimientos minoritarios prueba que la supuesta consolidación de los partidos es artificial y que la política en Colombia sigue siendo personalista.
Fuente: El Colombiano
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