Orinoquía: una colonización a punta de AIS

La Silla Vacia- La Orinoquía es la nueva frontera de colonización. Una colonización que no se está haciendo a punta de hacha, sino de incentivos tributarios, créditos blandos y subsidios de Agro Ingreso Seguro (AIS).
Una colonización dirigida directamente por el Presidente, quien desde su posesión, no ha escatimado esfuerzo para invitar a los inversionistas a conquistar la cuenca del río Orinoco, que comprende los departamentos de Vichada, Casanare, la mayor parte de Arauca, más de la mitad del Meta y algunos municipios de Boyacá y Cundinamarca. “Le veo a Orinoquía un futuro ya inmediato en el agro. En esos 600 mil kilómetros diríamos que hay 350 mil de selva y 250 mil de Orinoquía son sabanas. ¿Ustedes saben lo importante que es para el mundo agropecuario tener allí 250 mil kilómetros planos, sin piedra, listicos para cultivar y sin el obstáculo ecológico de que hay que llegar con el hacha?,” dijo el Presidente en un Consejo Comunal en Bogotá en diciembre de 2003 con políticos de la región.
Eso fue hace casi seis años. A partir de entonces, de ser un territorio silvestre y prácticamente ignorado por el gobierno y los grandes inversionistas, la Orinoquía se convirtió en uno de los secretos mejor guardados del país.
Con tierras a 100 mil pesos la hectárea, agua ilimitada, planes para construir carreteras y ayudas generosas del Gobierno, los inversionistas aceptaron la invitación (y los subsidios) del Presidente y, en menos de un año, unas 250 mil hectáreas de tierra han cambiado de manos, según cálculos de Corpororinoquía.
A la zona han llegado grandes empresas del interior del país como la azucarera Manuelita, las palmeras El Diamante y Palmas de Occidente, y hasta funcionarios del gobierno como el vicepresidente Francisco Santos, que confirmó a La Silla Vacía haber comprado tierra allá. En la zona dicen que compró 12 mil hectáreas.
Una revisión rápida de las empresas más reconocidas en la región en el listado de Agro Ingreso Seguro, arroja ayudas de AIS por 4.500 millones y más de 5.000 millones de la línea especial de crédito (ver documento). Pero según el Plan de Inversiones 2007-2010 para la Orinoquía, el Ministerio de Agricultura proyectó una inversión de Agro Ingreso Seguro superior a los 100 mil millones de pesos en los últimos tres años.
Con este impulso, el cultivo de arroz creció un 29 por ciento en el primer semestre de 2009, con 84 mil hectáreas nuevas, según Fedearroz. Y se sembró o se proyectó la siembra de 57 mil hectáreas de palma sólo en el Casanare, duplicando con creces los cultivos que existían en toda la Orinoquía en el 2000 (ver documento).
Fedepalma calcula que existen más de 1,2 millones de hectáreas potenciales para este cultivo en la Orinoquía, una región que el Presidente promociona como la ideal para el negocio de biocombustibles. “Tenemos seis millones de hectáreas en la Orinoquía, en sabanas, que podemos conquistar para biocombustibles, sin destruir un solo árbol de nuestra selva”, le contó Uribe al Presidente George Bush cuando se reunieron en 2007.
Ese mismo año, en la instalación de la Asamblea de General de la Anif, el presidente detalló los incentivos tributarios para los inversionistas en esa zona. Aunque reconoció que había un obstáculo: una ley que restringe la titulación de tierras en función de unidades agrícolas familiares. "Entonces el Estado hoy no puede titular sino mil, mil quinientas, dos mil hectáreas. Y hay proyectos de 50 mil hectáreas. Tema no fácil de resolver." Sin embargo, dijo que el Ministro Arias estaba buscando una alternativa con el Incoder para poder titular grandes extensiones para proyectos estratégicos.
El problema de la titulación de tierras no está resuelto. Muchas son baldías y las solicitudes de adjudicación tienen desbordado al Incoder. Por ejemplo, solo en Paz de Ariporo, hay cerca de 500 solicitudes de adjudicación de baldíos.
Además, como la mayoría de tierras no están legalizadas, las transacciones se hacen con documentos y sin registrarlas, por lo cual, mientras arrancan en forma los cultivos, el verdadero negocio por ahora es la especulación de tierras. En el Vichada, el mismo presidente Uribe dijo que “la tierra ha pasado de valer 100 mil pesos la hectárea a valer millón y medio, a valer dos millones de pesos la hectárea.”
El riesgo
Donde el Presidente ve sabanas planas “listicas” para cultivar, los ambientalistas ven uno de los pulmones y reservas de biodiversidad más importantes del planeta. En la Orinoquía se encuentra un tercio del agua del país. También una de las mayores riquezas de peces de agua dulce y mayor biodiversidad de aves. Es uno de los pocos lugares de Colombia - y prácticamente del mundo - donde viven los venados, los chiguiros, 48 especies de anfibios y 107 de reptiles.
“La región ha sido considerada como una de las últimas ‘áreas silvestres’ o ‘regiones vírgenes del planeta’”, dice el reciente estudio ‘La mejor Orinoquía que podemos construir’.
Este documento, elaborado para Corporinoquía por la Universidad de los Andes bajo la dirección del ex ministro de Medio Ambiente Manuel Rodríguez y la financiación de Fescol, hace una revisión minuciosa de los retos y potencialidades de la región y alerta sobre la importancia de tener en cuenta la fragilidad de los ecosistemas para lograr un futuro económicamente sostenible para la Orinoquía.
Con base en este documento, el director de Corporinoquía, Orlando Piragauta, está liderando una seria reflexión sobre el futuro de la región, a partir de foros en las distintas ciudades de la zona. “Desde hace tres años, el Gobierno logró posicionar la Orinoquía como la nueva frontera agrícola”, dijo Piragauta a La Silla Vacía. “Pero no hay una política clara sobre cómo se coloniza. Hay políticas para cada sector (un documento Conpes sobre palma, uno sobre arroz) pero no hay una política de Estado para la Orinoquía a largo plazo. Hay que definir hasta dónde pueden llegar los inversionistas.”
Su principal temor es que este desarrollo sin planificación y sin contar con la suficiente información sobre los riesgos ambientales arruine la riqueza natural, el equilibrio de los ecosistemas de la región y la misma cultura de los 'criollos'.
Las sabanas de que habla el Presidente son en realidad humedales que están inundados diez meses al año. Para cultivarlos, los inversionistas han comenzado a hacer canales para drenar la tierra. Y esa agua, que antes estaba estancada, ahora está yendo a parar a los ríos, que se crecen y se desbordan en época de lluvias. Ya sucedió en la región de Orocué.
En las zonas que se secan para sembrar monocultivos también desaparecen los pájaros, osos hormigueros, venados y demás animales propios de esa zona.“No me opongo al desarrollo pero hay unas áreas que toca proteger,” explica Piragauta. “Esa política no fue concertada”.
El representante Juan Carlos Granados, de Cambio Radical, y el senador Edgar Espindola, de Convergencia Ciudadana, confirmaron a La Silla Vacía que ninguno de los congresistas de la región fue consultado por el gobierno sobre el desarrollo de la Orinoquía.
Espindola cree que la llegada de los inversionistas ha generado una demanda significativa de mano de obra y de bienes y servicios, mientras que Granados considera que la concentración de la inversión en la producción de materia prima como la palma y el caucho no redistribuye la riqueza. “Mientras en una hectárea de papa hay dos dueños de cultivos, 15 hectáreas de palma requieren un solo trabajador”. Ambos coinciden en la importancia de garantizar que la región siga “siendo el pulmón del continente”.
¿Podrá subsistir la Orinoquía como el “sumidero de dióxido de carbono de mayor magnitud del mundo en su historia reciente” que prometió el ex ministro de Agricultura Carlos Gustavo Cano en la cumbre de Tokio en el 2004 y al mismo tiempo como eje de la producción mundial de biocombustibles?
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