El verdadero Scarface

Secretos de Cuba/TeleOrinoco- Incidente ocurrido en la Escuela Vocacional Militar Camilo Cienfuegos EMCC de Capdevila, La Habana, Cuba, durante la crisis del Mariel.
(El éxodo del Mariel fue un movimiento en masa de cubanos, quienes partieron del Puerto de Mariel, en Cuba, hacia los Estados Unidos entre el 15 de abril y el 31 de octubre de 1980. El 5 de abril de 1980 diez mil ciudadanos cubanos irrumpieron en la Embajada de Perú en La Habana solicitando asilo diplomático, con el objetivo de abandonar el país mediante el correspondiente salvoconducto emitido por las autoridades del país. Finalmente el gobierno cubano aceptó la posibilidad de que lo hicieran si sus familiares acudían a recogerlos al Puerto de Mariel, al noroeste de la Isla de Cuba, de ahí que se les conozca como los “Marielitos”. El destino de la inmensa mayoría de los mismos fue Florida, en Estados Unidos. Se estima que más de un cuarto de millón de personas abandonaron Cuba en esa fecha)
Por Alexander:
Durante la mañana estábamos sentados en un aula, en medio de una clase, en el último piso, la última aula del pasillo, justo encima de la biblioteca y la dirección que estaban en el primer piso. Sentimos un tremor parecido a lo que se siente cuando avión grande pasa a muy baja altura, pero sin el sonido del avión. Eran los estudiantes que estaban saliendo de sus aulas y corriendo escaleras abajo hacia la dirección. Sin darnos cuenta en unos segundos mi pelotón estaba corriendo también hacia la dirección.
Cuando llegamos allí, unos 500 estudiantes (había más de 700 en la escuela) competíamos para acercarnos a la acción y averiguar qué estaba pasando. Por fin entendí, cuando el jefe de la escuela empezó a leer un comunicado. Un joven negro, muy lejos del mítico personaje cubano de Scarface, interpretado por Al Pacino, de quizás unos 26 a 28 años de edad, que trabajaba en la escuela, creo que en la construcción del nuevo gimnasio, estaba en la dirección recogiendo (o tratando de recoger) sus papeles pues se iba del país.
Por supuesto, había que darle un “mitin de repudio” como decían entonces. En aquel momento yo no estaba en contra del gobierno, y aunque pensaba que la manera de cambiar Cuba, de arreglar Cuba, no era dándole la espalda y yéndose del país, tampoco me importaba mucho que otros decidieran irse.
Yo estaba allí más que nada por curiosidad…siguiendo “las masas”. El hombre, que estoy seguro estaría bien nervioso, empezó a caminar hacia la salida de la escuela, creo que ni esperó sus papeles. Toda la escuela lo siguió, algunos gritándole consignas, otros tirándole piedrecitas o molestándolo de alguna manera. Hasta este momento estábamos bastante contenidos. Había uno o dos oficiales con nosotros (El teniente Araujo?? No recuerdo).
Como Uds. saben sólo bastaba que un oficial diera la orden de regresar para que toda la escuela regresara a sus aulas. Pero eso nunca ocurrió. Incluso acompañamos a este hombre hasta la parada de la guagua, justo fuera de la entrada de la escuela, cosa prohibida por supuesto.
Mientras él esperaba su guagua, se le continuó leyendo el comunicado y molestándolo pero sin excesos. Esta guagua podía demorarse una hora. De pronto, tomó una decisión que en mi opinión fue un error. Empezó a caminar hacia la avenida de boyeros, a un par de millas de distancia, quizá pensando que nosotros no lo seguiríamos fuera de los límites de la escuela. Pero no fue así, toda la escuela comenzó a caminar con él, sin que los oficiales nos pararan.
En ningún momento yo grité consignas (no es mi personalidad), ni molesté al hombre, pero muchos otros si lo hicieron. Para nuestra sorpresa, quizá porque ya los nervios no le daban mas, este muchacho despegó a correr. Y con él, sin pensarlo dos veces, toda la escuela.
A unos 100 o 200 metros él se paró y se agachó a sacarse algo de su media, quizá un cuchillo. Quizá nada, quizá un acto de intimidación para que lo dejáramos tranquilo. Los cierto es que se corrió la voz que estaba armado. Algunos estudiantes cogieron piedras, otros, como yo, solo seguimos al grupo. No sé cuanto corrimos detrás de él. Recuerdo que a mitad de camino una muchacha se cayó. No estoy seguro si solo tropezó y se cayó o si se cayó porque perdió el conocimiento. Lo cierto es que la masa de camilitos estaba enardecida, como si el hombre nos hubiera hecho algo a nosotros, en vez de nosotros a él.
Al final alcanzamos la finca de descanso y recreación de la seguridad del estado que estaba a mitad de camino entre nuestra escuela y la avenida de boyeros. Increíblemente los guardias de la puerta, armados con AK y estoy seguro que con órdenes de disparar a matar a cualquiera que intentara entrar a la finca, dejaron entrar a este hombre, a detrás de él a toda la escuela.
El joven, cansado, se refugió en lo que yo creo era la casita de los guardias, un par de habitaciones con un baño etc. La escuela entró, aunque obviamente no cabía. Recuerdo estar parado a un metro de la puerta del baño. Casi no podía ver al muchacho. Estábamos mas apretados que en la ruta 100 a las una de la tarde. Pero podía ver que le estaban golpeando.
Inconscientemente decidí ayudarlo, sentía que era incorrecto y que había que pararlo, ¿pero cómo? Trate de acercarme a él. Otros, como yo, estaban haciendo lo mismo, pero otros solo querían golpearlo. En un momento vi como los cristales de la ventana del baño se rompían y muchas manos trataban de alcanzarlo desde afuera. Por encima de mi cabeza pude ver un remo de lancha que alguien, detrás de mí, trataba de usar para pegarle, pero en realidad le estaba pegando a otros.
De alguna manera logramos sacarlo de allí. Yo creía que estaba ayudando a los jefes de pelotones y al jefe de la escuela…Ah, ahora me acuerdo, Luscinda, el negro Luscinda, un africano alto. Él era el jefe de la escuela y estaba en mi aula y nos conocíamos muy bien. Siempre fue muy justo, de manera que yo pensaba que su objetivo era el mío; parar la escuela antes de que mataran al hombre. En un momento la escuela estaba fuera de la casita y yo me dedicaba a sacar a los que no tenían por qué estar ahí (entre ellos yo mismo pues yo no tenía ningún cargo). Recuerdo que cuando cerraba una ventana de dos alas, una piedra que creo era un ladrillo me golpeó con fuerza en el lado izquierdo de mi cabeza y casi me hizo perder el conocimiento. Cuando termine de cerrar esa ventana y me volví, vi que solo quedaban unos pocos en ese cuarto con el hombre que estaba sentado en una silla, en muy mal estado. No recuerdo si sangraba. Pero sí recuerdo que me dio mucha pena verlo en ese estado. Me sentí mejor pues pensé que podría haber sido peor.
Luscinda me ordenó retirarme pues todo estaba bajo control. Solo los jefes de pelotones, él, los oficiales y quizá otros dirigentes de la FEEM o de la UJC se podían quedar (FEEM (solo para mujeres) y UJC son organizaciones de juventudes en Cuba con orientación comunista).
Toda la escuela regresó caminando lentamente. No recuerdo haber hecho referencia a ese incidente en días sucesivos. No sé si es que quizá todos sentíamos que aquello estuvo mal y que de cierta manera, todos éramos culpables. Pero sí recuerdo oír decir que después que yo me fui, los que se quedaron adentro, continuaron golpeando al infeliz hombre aquel, solo porque había decidido, legalmente, irse del país durante la crisis del Mariel.
Con la tecnología de Blogger.