El coltan, un mineral maldito

El Pais- En Colombia el coltan sólo se conoció el año pasado, cuando el Presidente venezolano Hugo Chávez anunció el descubrimiento de un gigantesco yacimiento del mineral cerca de la frontera.
Cuatro comunidades indígenas en la margen del río Inírida, así como un grupo de comerciantes, extraen de forma artesanal la piedra negra en Vichada, Guainía y Vaupés.
Pero lo que no anunció el presidente venezolano es que al otro lado del mundo, en el continente africano, la República Democrática del Congo se desangra en una guerra, motivada, entre otras razones, por la disputa del mineral. Desde 1998 esta guerra ha dejando cinco millones de muertos.
Una historia a miles de kilómetros
En la mañana del martes 29 de octubre de 1996 -dice el sacerdote congolés Arasandu Burku- “el Arzobispo de Bukavu, Christophe Munzihinwa, salió de la ciudad con dos padres más. Los soldados dispararon contra su carro, mataron a los dos acompañantes y a él, que había quedado herido, lo remataron de varios disparos.
El Arzobispo denunciaba que el país no podía entregar las riquezas naturales a los rebeldes para que las entregaran a las grandes potencias. Ya habíamos entregado las esmeraldas, el oro, ahora venían en busca de una piedra que se iba a llamar el coltan. Cuando la descubrieron a inicios de los años 90, cuando supieron en qué podían utilizarlo, el Congo comenzó otra guerra”.
Rebeldes congoleses y facciones de grupos de Ruanda, Uganda y Burundi se enfrentaban en la meseta de Ruzizi. Ambos bandos querían apoderarse de las nuevas riquezas del país. Ya se hablaba del nuevo petróleo, una roca muy parecida al carbón mineral que estaba siendo demandada por los países desarrollados que la habían descubierto en las entrañas de esta tierra bañada en riquezas y sangre.
Los deseos de controlar la producción del nuevo mineral, de que se extraen tántalo y la columbita, desató de nuevo la guerra entre los clanes congoleses. Dos compuestos utilizados en la fabricación de misiles y videojuegos, implantes en medicina, portátiles y teléfonos celulares.
“Mi libro –dice el escritor Alberto Vásquez Figueroa- que lleva el título del Coltan, narra la historia de cómo este mineral se ha convertido en una causa y razón de una nueva guerra en la República Democrática del Congo. Es la lucha de las multinacionales por hacerse con las reservas del coltan, sin importarles nada mandar a un pueblo a amatarse entre hermanos”.
De hecho, en un informe la Organización de Naciones Unidas (ONU) denuncia que este mineral financia la guerra y es una de sus causas.
“Para saber cómo están metidos otros países en la guerra del Congo, basta con decir que en 1999, Uganda, que no posee yacimientos de coltan, exportó a países en desarrollo 69,5 toneladas de este mineral. Ruanda, que tampoco posee yacimientos, pero que tiene junto con Uganda cerca de 20.000 soldados en el Congo, también exportó ese año casi 100 toneladas” dice el catedrático Álvaro de la Fuente.
El valor del coltan consumido en el 2008 podría haber ascendido hasta unos 1.000 millones de euros. En el 2006 esa cifra fue de casi 300 millones.
Guerra y esclavitud
“En África –dice el investigador José Martínez Losan- la explotación ha estado ligada a conflictos bélicos que buscan el control de la exportaciones. La mayoría de los buscadores y mineros viven en un régimen de semiesclavitud ya que son obligados por los clanes que ostentan el control de las minas. Son explotaciones arcaicas, en muy malas condiciones y sobre todo con muy mal manejo del medio ambiente”.
Cerca de 20.000 mineros se esfuerzan a diario para recolectar el nuevo petróleo de los africanos en los yacimientos de la región de Kivu. Los niños dejan de ir a las escuelas para trabajar en las minas; a los presos se les ofrece una reducción de la pena. Un minero recibe un equivalente de hasta 10 dólares por cada kilo de coltan recogido.
Las Naciones Unidas y la Unión Europea han recomendado sanciones a las empresas y países implicados en el llamado saqueo del Congo. Pero hasta ahora, ninguna de las acciones han dado resultados positivos.
Además, la fiebre del tántalo y la columbita, ha empujado a miles de mineros expertos e inexpertos al interior de varios parques naturales y reservas de animales protegidas por la ONU, como el Kahuzi-Biega (Kivu Sur) y Okapi, en el este del Congo.
“Las excavaciones indiscriminadas han ocasionado daños irreparables al ecosistema”, asegura el Claude Martin director general de WWF (World Wide Fund of Nature).
“Hasta hace poco-agrega- en estos parques había cerca de cuatro mil elefantes hoy queda menos de medio centenar. Los soldados no solo controlan las excavaciones, también matan a los elefantes para comercializar con el marfil. Es su territorio y es su ley. Por eso, cuando contestemos el teléfono móvil, cuando nos llamen, cuando juguemos con el play, cuando conduzcámos un coche con air bag, pensemos que para poder hacerlo, en África está muriendo mucha gente”.
En Colombia
Se ha descubierto coltán en los departamentos de Vichada, Guainía y Vaupés. Su explotación no está permitida.
Los controles contra el tráfico iniciaron en febrero del 2009. El pasado 10 de enero la Policía incautó 17 toneladas del mineral que delincuentes pretendían sacar por Venezuela hacia Japón.Otras dos toneladas fueron halladas por el Ejército en esa zona a finales del 2009.
“Los indígenas lo extraen ilegalmente y venden el kilo en la frontera con Venezuela a 20.000 pesos”, explicó el comandante (e) de la Policía en el Guainía, coronel Jesús Hoyos Redulfo.
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