S.O.S. por la Orinoquia

El Espectador- El 29 de agosto de 2009, el mismo día en que llegó a presidir un consejo comunitario en Puerto Carreño acusando ya los primeros síntomas de contagio del virus H1N1, el presidente Álvaro Uribe les soltó a los lugareños un anuncio que tiene pensando a la academia, a los organismos ambientales e incluso a uno que otro empresario.
Les dijo que para jalonar el crecimiento en Vichada se necesitan proyectos grandes y que por ello estudia la titulación de predios de la Orinoquia a favor de grandes inversionistas —incluso del exterior— tan pronto se conozca un concepto del Consejo de Estado sobre la materia.
La idea de la titulación de predios en el segundo departamento más grande del país, en el que se buscaría dejar en manos de inversionistas privados cerca de 600 mil hectáreas para la producción agropecuaria a gran escala, había sido ya planteada por el propio Uribe más de un año antes en el mismo lugar y durante otro consejo comunitario. “Aquí se puede hacer un desarrollo de biocombustibles, de agricultura, de reforestación, inmenso para el mundo. Ojalá pueda avanzarse en eso”, dijo en 2008.
Ahora, en el consejo comunitario de agosto último, el mismo Presidente agregó una frase que apuntó hacia una de las dudas que suscita su propuesta de desarrollo para la región: “Si nos volvemos laxos en la titulación, en tres semanas titulan el Vichada”.
Desde cuando estalló el escándalo tras las irregularidades en la adjudicación por parte del Incoder de 16.330 hectáreas de tierras baldías del Vichada a parientes y ex funcionarios cercanos al senador Habib Merheg, la titulación de predios en la Orinoquia sigue generando polémica. La razón es muy sencilla: aparte de que no faltan los avivatos que se valen de estratagemas para quedarse con extensiones de tierra superiores a las establecidas, también hay quienes temen por las consecuencias de una titulación generalizada a pocos empresarios.
¿A qué se debe este problema? A una conjugación de factores que van desde la percepción equivocada que el país tiene sobre la Orinoquia hasta las visiones totalizantes sobre lo que debe ser su futuro. Se trata de un tema complejo, que acaba de ser explorado por la Universidad de los Andes en asocio con Corporinoquia en busca de un acuerdo en el que Gobierno, las comunidades de la zona y los empresarios nacionales y extranjeros puedan sacar mejor provecho de la región sin acabar con los recursos que allí se encuentran.
A juicio del ex ministro Manuel Rodríguez Becerra, coordinador de la investigación, que será divulgada mañana en Yopal, la Orinoquia es un territorio ambientalmente frágil y con alta vulnerabilidad ecológica en el que no sólo existen las llanuras que todos conocemos sino que hay otros ecosistemas y, especialmente, unos ciclos que la mano humana no debe alterar. El agua en la zona es estacional y así como hay períodos de grandes crecientes en sus ríos, también los hay de prolongados veranos. Los llaneros criollos aprendieron a sacarle provecho a esa realidad, pero otra cosa puede ocurrir cuando se trata de cultivos extensivos.
Héctor Orlando Piragauta, director de Corporinoquia, asegura que se han presentado casos en los que con la llegada de nuevos cultivos como el de la palma aceitera hay modificaciones en humedales que a la postre podrían generar escasez de agua. Rodrigo Belalcázar, gerente de Aceites Manuelita, empresa que tiene 17 mil hectáreas de palma de aceite en Vichada y que es una de las aludidas por Piragauta, sostiene que no es cierto que se hayan presentado atentados contra el ecosistema en la zona: “Si hubiéramos secado un humedal nos habrían cerrado el proyecto, porque tenemos una vigilancia permanente de Corporinoquia”.
Pero la necesidad de reglas claras para la adjudicación de tierras y el compromiso de los empresarios para protegerlas y evitar una catástrofe ambiental en la última frontera agrícola del mundo tampoco son suficientes. Según el informe de la Universidad de los Andes, lo que hay que hacer es construir una política de Estado que involucre a las comunidades y definir sin afanes cuál es el uso que se le quiere dar a la región.
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