¿Quién quiere ser congresista?

El Espectador- La prueba más evidente es que el debate electoral, al menos en lo que respecta a la conformación del Congreso 2010-2014, hoy se encuentra relegado a un segundo plano. Salvo cuando el asunto pasa por debatir los apoyos o rechazos a la reelección, la controversia por el Poder Legislativo está pasando de agache. A menos de seis meses de las elecciones parlamentarias ni siquiera se conocen los nombres de los principales aspirantes de los distintos partidos.
Simultáneamente y a marchas forzadas, avanza en su última legislatura el Congreso más deslegitimado de todos los tiempos en Colombia. Pero, paradójicamente, ese mismo Congreso que resultó elegido en 2006 mayoritariamente apunta a repetir en 2010. Al menos los principales dirigentes departamentales ya se preparan para repetir cuatrienio y, de paso, consolidar unas mayorías que en los últimos años les han permitido superar la hora crítica.
Además del escándalo por nexos con grupos paramilitares, que hoy tiene en la cárcel a cerca de un tercio de los parlamentarios, la conducta de la mayoría de los congresistas pasa por el acomodo a las circunstancias del momento. Es decir, aguardar a que el referendo cumpla el examen constitucional para saber cómo moverse de cara a las elecciones. Todo intento de sacar adelante una reforma política contra los fraudes electorales, la financiación ilegal de las campañas o la coacción armada en los procesos políticos quedó relegado a un incierto futuro.
Es la hora en que la suerte del Congreso de la República a nadie parece preocuparle. Lo que prometía ser un período electoral de debate y propuestas alternativas, hoy se caracteriza por la ausencia de ideas o el reciclaje de las propuestas de siempre. Incluso, en los departamentos de la Costa Caribe, donde el fenómeno de la parapolítica ciertamente hizo estragos, algunos analistas ya vaticinan la reaparición de las viejas maquinarias con sucesores afines.
Ya se especula que volverán al ruedo los clanes tradicionales, bien sea porque van a endosar sus votos a familiares y amigos o porque las empresas electorales que han dominado el Congreso ya tienen cómo mantener sus feudos con nuevos nombres. En otras palabras, algunos partidos que parecían condenados a la desaparición, seguramente van a renacer de sus cenizas con inéditos candidatos. Un ejemplo lo constituye el grupo Apertura Liberal que, después de perder a casi todos sus parlamentarios, hoy está aliado con “la familia DMG”, una extraña alianza electoral, fraguada por David Murcia desde la Picota.
En contraste, colectividades como Opción Centro, que manifestaron su interés en hacer presencia en la Cámara y el Senado, están a punto de presentar sus listas para airear el apático ambiente electoral. Lo mismo que acontece con el candidato presidencial Sergio Fajardo o el movimiento político Mira. Sin embargo, en la actual incertidumbre, sería beneficioso para el país que afloraran estas cartas. De lo contrario, todo seguirá en una preocupante quietud, a la espera de la manida reelección presidencial.
Poco a poco se aproxima el fin de año, cuando la agenda noticiosa habitualmente evoluciona hacia otros temas y, porqué no decirlo, hacia los días de recuentos, resúmenes, diagnósticos, distinciones y perspectivas. Pero no despuntan aún los programas políticos, las líneas de pensamiento o los temas sobre los cuales será necesario legislar en el cuatrienio 2010-2014. ¿Quién quiere ser congresista?, parece ser el interrogante del momento. Pero además de los senadores y representantes de siempre, los reelegidos por las maquinarias electorales, pocos tienen una contundente respuesta.
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