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Expliquemos en qué consiste el “deporte nacional” de Colombia
TeleOrinoco/Red Cundecon- El Estado y la iglesia nos han enseñado desde muy pequeños, que existe una biblia, y que esta contiene 10 mandamientos que debemos cumplir si no queremos quemarnos en el infierno, azotados por un diablo rojo y un tanto humanizado, con cola y cachos y un poco de atributos raros. Y no es hasta que crecemos y finalmente comenzamos a pensar por nosotros mismos, que esta siniestra figura mitológica desaparece lentamente de nuestras mentes. Sorpresa, lo que encontramos cuando nos desprendemos de estos fetiches y comenzamos a tomar el control de nosotros mismos. Solo entonces descubrimos que nuestro entorno no es tan diferente de lo que cuentan los escritos sagrados sobre este “infierno”, y que aquel diablo no se llama Lucifer, o Satanás, sino Banco o Corporación Financiera.
Colombia es un país bello por naturaleza, lleno de gente trabajadora y creativa, pero también es el semillero de un deporte, cuyas estadísticas e incidencias no se mencionan por ninguna parte. No hablamos del Fútbol, sino de la pobreza extrema; esa que todos los días vemos cuando salimos al trabajo (los que tienen), o cuando hacemos mercado (los que pueden), generada por los altos índices de desigualdad existentes y por obra y gracia de estos demonios Made in Colombia. Pero mejor comencemos a explicar en qué consiste este “deporte nacional”.
Pablo, es un hombre trabajador de clase media. Tiene mujer e hijos y aspira tener un techo propio. Se deja tentar por las promociones bancarias de créditos hipotecarios. Hace la solicitud, pide 30 millones y pone como garantía todo lo que tiene. Hasta el perro queda empeñado con el banco. Al cabo de 10 años, Pablo se cuelga en las cuotas. ¿Qué sucedió? Sus ingresos ya no dan para pagar lo que en un principio hacia con gran esmero. La deuda subió de forma desmedida y las cuotas se hicieron impagables. En otras palabras, mientras los ingresos de Pablo subían lentamente por las escaleras, las cuotas de su deuda también subían, pero por el ascensor.
Entonces Pablo toma decisiones radicales: Apretarse el cinturón. Cambia a sus hijos de colegio, deja de comer su plato favorito, restringe las salidas los fines de semana, pero su fórmula no arroja resultados. El dilema es simple: O paga los estudios de sus hijos, los viste, paga servicios públicos, come o sencillamente deja de hacer lo anterior y le cancela las cuotas al banco. Obviamente lo primero impera, ya que hablamos de la supervivencia de una familia y es por esta situación que se cuelga en las cuotas. El banco, ya no tan amable como cuando le otorgó el crédito, ejecuta el cobro jurídico y le quita la casa, y de paso todo lo que empeñó.
Y si esto sucede a diario con ciudadanos de la clase media colombiana, imaginen lo que sucede con los pobres de este país, que por cierto son la mayoría. Pero los bancos son corporaciones privadas y deben proteger su dinero e inversiones.
¿Quién tiene la razón; Pablo o el Banco?
Al momento en que Pablo se colgó en las cuotas, el banco había recibido 60 millones de pesos aproximadamente de sus pagos, la mayor parte en intereses y muy poco de amortización a capital. En otras palabras el banco tiene dos casas, la física de Pablo y una líquida por el mismo valor, y encima todo lo que Pablo empeñó. De esta manera, Pablo pasa de ser un deudor a víctima del crédito hipotecario que adquirió.
¿Pero los bancos siempre dicen que no les interesa quedarse con los bienes del deudor, o más bien de la víctima del crédito hipotecario?
Es una falacia decir esto. Todo lo contrario. Es precisamente lo que persiguen. Prenden velas y rezan rosarios y avemarías para que el usuario no pueda pagar y así quitarle los bienes físicos que es lo que realmente vale, ya que el dinero de los créditos es ficticio y se crea a partir del mismo. Los bancos no tienen disponible lo que prestan; lo generan a partir de la deuda. Al ser dinero inexistente (o electrónico), la mejor forma de volverlo real es a través de los bienes materiales que tiene la víctima. Luego los rematan y el dinero creado “cobra vida”.
El Diablo viste a la moda
Una de las encargadas de este proceso de “materialización del dinero electrónico” en Colombia es la embajadora Noemí Sanín. Esta "ilustre" señora (que una vez quiso ser Presidenta de Colombia, y parece que quiere serlo nuevamente), junto con algunos funcionarios públicos y la Cancillería de Colombia, se las ingeniaron y crearon el atraco perfecto. Un plan maestro para que los bancos puedan vender los bienes incautados sin que estos generen un caos, lejos de cualquier responsabilidad social. Hablamos de las llamadas Ferias inmobiliarias. (Ver documento aquí)
Por definición, las ferias inmobiliarias son ventas de los bienes muebles que les embargan y rematan los bancos a los colombianos, para luego ser vendidos al mejor postor del extranjero. Un negocio redondo si tenemos en cuenta que en el 2007, las remesas de los trabajadores en el exterior totalizaron los 4.489 millones de dólares, un aumento considerable respecto a los 3.890 millones de dólares enviados en el 2006. Un promedio de 350 euros al mes, más de un millón 100 mil pesos colombianos. Todos ganan; el único que pierde es la víctima, que después de haber pagado seis y hasta doce veces lo prestado, ve diluido su capital de 10 o 20 años en un par de minutos.
¿Y dónde se hacen estas ferias?
Fuera del país. Lejos de los ojos mundanos del ciudadano común. New York, Miami, Londres, en fin, en cualquier lado menos en Colombia, para no llamar mucho la atención. Y si celebran alguna aquí, tiene que ser bien en el norte de Bogotá o en algún barrio exclusivo de cualquier ciudad, fuera del alcance de cualquier mortal y, obviamente, de los maltrechos dueños.
Los carteles de recompra de propiedades
Pero el botín no solo se subasta en estas ferias. Existe una mafia en Colombia conocida como los “Carteles de recompra de propiedades o Carteles de remate” (o mal llamados compradores de buena fe), que compran los remates para reventa, confabulados muchas veces por funcionarios de la rama judicial y gente de la misma sociedad, quienes participan de esta usurpación de viviendas.
El Consejo Superior de la Judicatura reportó el año pasado un total de 301 procesos ejecutivos hipotecarios nuevos, en los quince juzgados civiles de circuito que existen en la ciudad de Bogotá. Dichas demandas deben ser sometidas a reparto de manera equitativa, sin embargo, fuentes cercanas a la rama judicial aseguran que hay algunos juzgados que reciben mayor número de procesos, incluso, en algunos se estancan o se fallan de manera veloz de acuerdo a la conveniencia del juez. El presidente de la Asociación Nacional de Usuarios del Upac=UVR, y la RED–CUNDECON denunciaron que en las principales ciudades del país existe una complicidad entre algunos funcionarios judiciales y los carteles de los remates, aunque las audiencias sean públicas y sin límite de oferentes. “Para los jueces también ha resultado buen negocio porque aparentemente los están congraciando para aprobar la liquidación a favor de los bancos”, agregó la asociación de Organizaciones del Upac=UVR a nivel Nacional. Sumado a esto, la reforma a la Ley 734 del 2003 autorizó a las notarías para encargarse de las diligencias de remates. Hernán Zambrano, juez primero de circuito civil de Cali, cuestiona que la ley se quedó corta al no manifestar los principios para la elección de éstas. “Esto se puede prestar para que el abogado se vaya a la notaría que está relacionada con sus afectos. Lo correcto sería que existiera una oficina de reparto, pues en Cali existen más de 20 notarías y los remates generan un ingreso”, explica.
Un juez que pidió reserva de su nombre señaló que mientras antes de la reforma los juzgados realizaban entre dos y tres remates a la semana, la cifra ahora disminuyó para engrosar las diligencias en las notarías, aumentando también el valor de los procesos. (ver documento aquí)
El orden de los factores altera el resultado
A menudo, Asobancaria afirma que esta grave situación se da por la “cultura del no pago” que existe entre los colombianos, pero la verdad dista mucho de estas declaraciones.
Colombia es un paraíso financiero, ya que muchos bancos del mundo llegan a este país debido a que existe responsabilidad muy arraigada sobre el cumplimiento de los pagos, lo que facilita la multiplicación de las inversiones. Esto es lo que comúnmente se conoce como “capitales golondrina”.
El problema que persiste entre los usuarios de crédito hipotecario del UPAC (hoy UVR) por la financiación de vivienda lo originaron precisamente los bancos, pues son estos quienes presentan por intermedio del gobierno de turno o directamente al Congreso de la República, a través de la bancada de un partido político, los proyectos de Ley del Sistema Financiero, como las reformas al mismo o lo que para el caso es la Ley de vivienda y no los usuarios.
Por otro lado, una persona natural, presta con un interés simple y nada más. ¿Por qué entonces los bancos tienen estas preferencias de prestar nuestro propio dinero con intereses compuestos? Simple: Porque el Gobierno los respalda, ya que los bancos financian la mayor parte de las campañas políticas de los gobernantes de turno. Es por eso que el sistema es infalible. A prueba de todo. Y este es el meollo de problema: “La politización del crédito” y no la “cultura del no pago”, como afirma Asobancaria.
Lo injusto sería pagar más de lo que realmente se debe. Lo bueno es pagar, pero lo equitativo y razonable. Una y media vez lo prestado, en 15 años. Y si es más o si es menos tiempo, se cobra proporcionalmente, pero sin nada adicional a la tasa de interés. Sin embargo desafortunadamente hay unos “componentes adicionales” que entran a formar parte de la muerte a cuenta gotas, como son el IPC (Índice de precios al Consumidor), UVR (Unidad de Valor Real), para el caso de los sistemas de cuota en UVR que son tres (Cuota baja, Cuota media y Cuota alta); y para el caso de los Créditos en Pesos, que son dos sistemas (Cuota fija, por períodos de doce meses y la Cuota variable, las cuales contienen la DTF -Tasa de Depósito a Término Fijo-, que en realidad no es fijo sino variable) (y el IPC). Estas arandelas que contienen los sistemas de pago de cuotas adicional a la tasa de interés y que se expresan en porcentaje, es lo que hace que el crédito Hipotecario se infle y se haga impagable. Esto es lo que se conoce en términos financieros, como la Indexación.
Esta aberrante política bancaria y de Estado ha llevado al suicidio a más de cuatro mil doscientos cincuenta (4.250) colombianos y a que más de trescientas setenta mil (370.000) familias se le hayan arrebatado sus inmuebles y otros ochocientos mil (800.000) usuarios estén a portas de también perder sus viviendas, y la cifra continua subiendo todos los días. Un mal muy complicado de extirpar, que causa mas daño que la guerrilla o el narcotráfico, y que es el principal responsable de la miseria, las divisiones familiares, el desempleo y los suicidios en Colombia.
Un apagón al final del túnel
Es de esperarse que en un sistema así no haya lugar para la responsabilidad social, y los pocos políticos y líderes poco o nada puedan hacer para frenar esta voraz maquinaria, ya que, como bien dijo el banquero Meyer Rothschild, fundador de la dinastía Rothschlid: "Denme el control del dinero y ya no importará quién haga las leyes”.
Por: Alej Calero y Germán Godoy
Editores de los informativos TeleOrinoco y Red Cundecon
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