Avivatazgo familiar e inversionista

Bogotá (El Tiempo)- Ahora, al avivatazgo lo llaman emprendimiento y al tráfico de influencias, confianza inversionista. El enriquecimiento de los hijos del Presidente no ha venido de su capacidad emprendedora, sino de su capacidad de transformar el nombre de su padre y las decisiones de sus subalternos en riqueza personal.
Sin mover un dedo, ni derramar una gota de sudor por su trabajo, los "empresarios" Tomás y Jerónimo Uribe pasaron de ser socios de un peladero avaluado en 33 millones de pesos, a socios de una zona franca avaluada en unos 3.000 millones, según lo ha demostrado la juiciosa investigación del periodista Daniel Coronell. La jugosa multiplicación financiera se logró a punta de decisiones públicas, no de trabajo.
Primero un decretico del Alcalde de Mosquera, municipio donde estaba ubicado el lote pelado, le concedió norma de desarrollo industrial con máximo aprovechamiento al lote pelado, previamente comprado por los hermanitos "empresarios". A continuación, los hermanitos le vendieron a pérdida una participación al Alcalde de Mosquera y su familia en los lotes resultantes de la zona industrial.
Con zona industrial en mano, los "empresarios" Uribe procedieron ante el Ministerio de Comercio y lograron que con otro decretico les designaran esa zona industrial como zona franca. Este segundo decretico era producido por subalternos directos del papá Presidente. En esta ocasión no le dieron participación a ninguno de los otorgantes del decreto de la zona franca. El segundo decreto les salió casi gratis. Así, en cuestión de meses, los "empresarios" Uribe pasaron de un peladero a una zona industrial y luego a una zona franca. Esos decreticos constituyen en la práctica cheques equivalentes a miles de millones de pesos, respaldados con los impuestos que pagamos los colombianos que sí trabajamos y no tenemos papá Presidente.
Invito a cualquier colombiano raso a que vaya con su cédula y trate de que en meses le vendan un peladero y luego le regalen dos decreticos para volverlo zona industrial y luego zona franca; o sea, para multiplicar su valor por miles de millones a punta de decretos. Dudo de que lo logre. Los "empresarios" Uribe sí lo lograron. ¿Por qué? ¿Porque son muy trabajadores? ¿Porque son unos tigres emprendedores? ¿O porque son hijos del Presidente y tienen conexiones privilegiadas? La respuesta es obvia.
No contentos con los dos regalitos anteriores, los "empresarios" Uribe se dirigieron al Ministerio de Transporte a gestionar que se concretara una doble calzada y/o el tren de cercanías, porque si se construyen en inmediaciones de su tierrita su valor se seguirá multiplicando. Qué tan fácil hacer riqueza así. A punta de decreticos y de inversiones públicas hechas con los impuestos que pagamos los demás colombianos.
En el escándalo previo por las vivezas empresariales de sus hijos y las dudas sobre las propias, el Presidente anunció que daría a conocer su declaración de impuestos, rentas y patrimonio y la de su familia. Ofrecimiento que no es ninguna generosidad de su parte, sino su obligación como funcionario público. Nunca lo hizo. Parece indispensable que al fin cumpla con esa obligación y contribuya a la transparencia que pregona. También debería hacer público el listado de beneficiarios de las exenciones tributarias, subsidios, zonas francas, concesiones y acuerdos de estabilidad legal y financiera que su gobierno ha otorgado en estos siete años en el poder.
Los "empresarios" Uribe reclaman su derecho a trabajar. No sobra recordarles que enriquecerse a punta de decretos y decisiones públicas no es una forma de trabajo, sino de viveza. Sólo con el negocio del lotecito de Mosquera el patrimonio de los "empresarios" Uribe se multiplicó por 9.000 por ciento. No sobra recordar que DMG se considera un lavadero de dinero por pagar rendimientos del 100 por ciento trimestral. Tal parece que los "empresarios" Uribe superaron con creces la rentabilidad del "empresario" David Murcia. Y eso que apenas vamos en el segundo mandato de su padre. ¿Cómo será en el tercero?
Por Claudia López. Columnista de El Tiempo
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