Un DMG bueno y uno malo

Bogotá (El Espectador)- Si se trata de la visita de DMG a la casa de María Eugenia Rojas, para ofrecer recursos para la campaña a la alcaldía de su hijo Samuel, entonces ahí sí tenemos un bocatto di cardenale para los grandes medios de comunicación. Los recursos no se aceptaron, pero quien llevó a casa de la Sra. Rojas a David Murcia es un viejo colaborador de Álvaro Uribe; es decir, un infiltrado en la campaña de Samuel, con la intención de joderlo, como en efecto se ha querido hacer.
Ese amigo del Gobierno nacional (un lagarto de apellido Mena) dice pertenecer a un movimiento llamado Uribistas con Samuel, cuando a todos nos consta lo que hizo el Sr. Uribe para torpedear la candidatura de Samuel. Y la confirmación de que algo raro manejaban desde la Casa de Nari, conjuntamente con este personaje, es que el Gobierno salió a desmentirlo, sabiendo el país que el estilo del Gobierno es negar sus porquerías cuando se ve en peligro de ser descubierto (recuerden Tasmania, alias Job, Zapata).
Sin embargo, este no parece ser asunto que interese a ciertos comunicadores que, como buenos ventrílocuos de la Casa de Nari, sólo informan, o mejor, desinforman siguiendo el libreto del Curita.
Pero en cambio DMG tuvo vínculos, directa o indirectamente, con altos oficiales de la Policía Nacional, o con el propio hijo del Presidente, Jerónimo Uribe, y ahí sí los medios callan, en un repugnante gesto de deshonestidad profesional. De manera que Jerónimo Uribe no hizo nada porque no recibió dineros ni firmó contratos con DMG, a través de Body Channel como él lo ha sostenido, pero a Moreno le inician una investigación porque DMG visitó a su mamá, quien tampoco recibió dineros ni firmó contratos. ¿Y por qué no se ha iniciado la misma investigación contra Jerónimo?
Pero la alcahuetería mediática no solamente cobija al hijo del Presidente, sino a los abogados que, amparados bajo el ropaje de su ejercicio profesional, recibieron dineros en efectivo que, según ellos, han declarado. Es decir, que si el Dr. Jaime Bernal Cuéllar recibe 400 millones de pesos (producto del lavado de dinero, pues de eso acusan a DMG), esta plata, por el solo hecho de recibirla Bernal o los demás abogados, se vuelve legal.
¡Oh milagro! Ellos tienen el don divino de convertir en plata buena la plata de los narcos (pues según las autoridades de allí provienen esos recursos), pero en cambio si a Samuel le prestan dos camionetas, eso sí es delito.
Así pues, el aberrante mensaje para miles de colombianos es que si se quiere transgredir la ley hay que hacerlo de la mano de los grandes abogados o de la mano de los hijos del Presidente.
Por Felipe Zuleta Lleras
Artículo Ganador de la Semana. Sección Autonoticias y Corresponsales de TeleOrinoco
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